Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 1 Cor 9,16
miércoles, 23 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
El Arzobispado de Valencia edita un manual para fomentar el espíritu misionero en los niños
La comisión diocesana de Misiones del Arzobispado de Valencia ha editado un manual para promover la creación de nuevos grupos de Infancia Misionera y ofrecer una guía de actividades a los ya existentes, informó hoy la institución en un comunicado.
Los grupos de Infancia Misionera, dependientes de las Obras Misionales Pontificias (OMP), tienen como objetivo formar a los niños en la fe desde una clave misionera y de tiempo libre, incentivarles para que ellos mismos evangelicen dentro de sus posibilidades en el entorno donde viven y sensibilizarles sobre la necesidad de ayudar a los niños sin recursos del planeta, explicaron las mismas fuentes.
El manual, de 134 páginas, ha sido presentado por el sacerdote valenciano Ramón Rodríguez Guerrero en la asamblea nacional de directores diocesanos de las OMP, que ha sido presidida en Madrid por el arzobispo de Pamplona, monseñor Francisco Pérez.
La guía está siendo utilizada ya en la diócesis de Orihuela-Alicante, además de en la de Valencia, mientras que otros obispados españoles han solicitado también ejemplares para comenzar a usarla, según informa el periódico diocesano 'Paraula-Iglesia en Valencia'.
El manual está dirigido especialmente a los catequistas, profesores y animadores de grupos de Infancia Misionera de parroquias y colegios para que les sirva de complemento en sus reuniones y actividades con los menores.
La Infancia Misionera fue fundada en 1843 por monseñor Carlos Augusto de Forbin Janson, obispo de la diócesis francesa de Nancy. En 1922 la Santa Sede le otorgó el título de Pontificia. Y en la actualidad, cuenta con grupos en Europa, Iberoamérica, África y Asia.
En la diócesis de Valencia existen varios grupos en parroquias y colegios, formados por niños que ya han tomado la Comunión y hasta los quince años. De ese modo, la Infancia Misionera "procura a los niños que continúen formándose en la fe después de recibir la Primera Comunión", mediante actividades que combinan los aspectos religiosos con los lúdicos, como encuentros, excursiones, eucaristías o juegos.
Para las parroquias y colegios interesados en obtener la guía o en formar un grupo de Infancia Misionera, la comisión diocesana de Misiones, sita en la calle Avellanas, 22 de Valencia, ha habilitado el teléfono 96 392 24 12.
domingo, 20 de junio de 2010
martes, 15 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
12 de junio: Inmaculado Corazón de María
María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.
La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad...
La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre.
Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María. Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi.
Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.
Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás.
El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido. Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa por el Plan de Dios.
Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro pleno con Dios Amor.
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