domingo, 6 de diciembre de 2009

CUENTOS PARA ADVIENTO


"PAULITA SE PREPARA PARA NAVIDAD"

Todos los años, al aproximarse la fiesta de Navidad, acontecía algo especial en Paulita.
Cuenta su mamá:
"Cuatro semanas antes de Navidad, Paulita dice adiós a sus juguetes y se transforma en una niñita tan obediente que encanta. Pero con la llegada del año nuevo vuelve a ser la niña de siempre".
Admirada, la madre contempla estos cambios tan bruscos. Ni ella, ni el papá y ninguno de los amiguitos más íntimos de la pequeña saben dar explicación a ese hecho extraño. Solamente Dios conoce su secreto.
Cuando Paulita tenía cinco años, su abuela le contó que el Niño Jesús había nacido tan pobre que no tenía como otros niños, una cunita calentita, sino que lo habían dejado en un frío establo, en pleno invierno. Lágrimas de compasión corrieron por las mejillas de la niña: ¡Pobre Niñito Jesús, sin colchón, sin abrigo! ...¡ y Jesús era el Hijo de Dios!.. ¿Qué se podía hacer?.
- ¿No te gustaría ofrecerle una camita blanda y frazadas abrigadas?
- le preguntó con interés la abuelita.
- ¡Cuánto me gustará abuelita!... Pero, ¿ cómo puedo hacer yo todo eso?
- Escucha. Cada sacrificio que hagas será una pluma para la 1 y para el colchoncito de Jesús, y cada oración una hebra para las sabanitas. Faltan cuatro semanas para el nacimiento.
Todavía tú puedes, en este tiempo, prepararle una camita calentita.
Este fue el secreto que Paulita guardó con mucho cariño y que nunca olvidó.
Cuando la mamá colocaba la Corona de Adviento en el comedor y encendía la primera de las cuatros velas, Paulita comenzaba a juntar plumitas y a fabricar hilos para la camita del Niño Jesús. Al principio esto no fue fácil, pues no podía encontrar nada, no sabía qué sacrificios podía hacer.
Un día, durante el juego, Antonia, una de sus compañeras, para molestarla le dio un fuerte pelotazo en la espalda, y cuando Paulita estaba a punto de pagar con la misma moneda, oyó en su interior una vocecita que le decía: "No tires la pelota a Antonia, soporta el dolor por Mí. Has un sacrificio".
“Ahora - pensó Paulita - ahora ¡sí Señor!, estas son tus plumitas, los sacrificios para el Niño Jesús".
No tiró la pelota y así recogió la primera pluma que guardó en su corazón, en un cofrecito celestial.
Aquella misma tarde cuando su madrina le dio un chocolate, ella ya sabía que ese chocolate tenía que ser cambiado por una plumita para el colchón del Niño Jesús. En vez de comérselo, se lo dejó en el bolsillo del abrigo de su hermanito. Al día siguiente ayudó a su mamá llevando un canasto de ropa al lavadero y allí trabajó con ella toda la mañana, tanto que su mamá quedó admirada y la besó suavemente. Todo se transformaba en plumas para el pesebre: dulces, sacrificios y oraciones.
En la tercera semana de Adviento, cuando se encendió la tercera velita, Paulita ya había juntado treinta y nueve plumitas.
"¿Bastarán?", reflexionó... Como no sabía si treinta y nueve plumas serían suficientes para hacer un colchón, sacó calladita el colchón de la muñeca de su hermana y fue al sótano. Allí, con toda calma, abrió una de las costuras y sacó treinta y nueve plumas. Pero quedó desilusionada al ver el pequeñísimo montón. No había juntado ni la mitad de lo que necesitaba. Tan poca cosa no bastaría para calentar al Niñito Jesús, al Hijo de Dios. "No importa", pensó, y con un suspiro puso otra vez las plumas en el colchón.
Desde ese momento la dominaba un solo pensamiento: "¡Más plumas!¡Necesito juntar más plumas, si no el querido Niño Jesús pasará frió!".
¡Cómo se esforzaba la niña! Vivía atenta sin perder ninguna ocasión de hacer un sacrificio. Durante este tiempo ella fue la más amable de las compañeras, la más servicial, especialmente frente aquellas que no le gustaban, y hasta hubiera sido capaz de decirles que hicieran cualquier cosa para así tener la ocasión de juntar otra plumita.
¿Comprenden ahora por qué en cada Adviento Paulita deja de lado sus juguetes? Su tesoro secreto crecía siempre más. El Niño Jesús, ¿no debería tener también sabanitas? En la cama de Paulita había dos y además la abuela le había enseñado cómo hacerlas. Cada vez que rezara, sería una hebra de hilo para las sábanas del Niño Jesús. Ahora Paulita agregó a las oraciones de la mañana y de la noche un Ave María, y cuando miraba el cuadro que colgaba en la paed, sobre la cama, pensaba: "Mi corazón es sólo de Jesús".
En el camino a la escuela cuando pasaba por la iglesia, se encontraba con una imagen de la Virgen y el Niño Jesús en brazos. Paulita vio que las flores estaban allí muy marchitas. Desde ese día llevó todas las mañanas un ramo de flores a la iglesia y lo dejó a los pies de la Santísima Virgen. Después, rezó todas las oraciones que se sabía de memoria, recordando que cada una sería hebra de hilo para las sabanitas de su querido Jesús.
Finalmente llegó la Navidad, la hermosa Nochebuena. Paulita estaba arrodillada muy cerca del pesebre, en una dulce conversación con el Niño Jesús:
“Estás recostado sobre paja, pero en mi corazón, querido Jesús, hay muchas plumitas para calentarte. Tengo dos sabanitas para cubrirte. Ven Niño Jesús, ven a mi corazón; te va a gustar la camita calentita y blandita que te he preparado”.
Y el Niño Jesús entró alegremente en el corazón de Paulita.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Sentido del adviento: Papa Benedicto XVI (Cardenal Joseph Ratzinger)


«El Adviento y la Navidad han experimentado un incremento de su aspecto externo y festivo profano tal que en el seno de la Iglesia surge de la fe misma una aspiración a un Adviento auténtico: la insuficiencia de ese ánimo festivo por sí sólo se deja sentir, y el objetivo de nuestras aspiraciones es el núcleo del acontecimiento, ese alimento del espíritu fuerte y consistente del que nos queda un reflejo en las palabras piadosas con que nos felicitamos las pascuas. ¿Cuál es ese núcleo de la vivencia del Adviento?

Podemos tomar como punto de partida la palabra «Adviento»; este término no significa «espera», como podría suponerse, sino que es la traducción de la palabra griega parusía, que significa «presencia», o mejor dicho, «llegada», es decir, presencia comenzada. En la antigüedad se usaba para designar la presencia de un rey o señor, o también del dios al que se rinde culto y que regala a sus fieles el tiempo de su parusía. Es decir, que el Adviento significa la presencia comenzada de Dios mismo. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, que la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, y que él ya está presente de una manera oculta; en segundo lugar, que esa presencia de Dios acaba de comenzar, aún no es total, sino que esta proceso de crecimiento y maduración. Su presencia ya ha comenzado, y somos nosotros, los creyentes, quienes, por su voluntad, hemos de hacerlo presente en el mundo. Es por medio de nuestra fe, esperanza y amor como él quiere hacer brillar la luz continuamente en la noche del mundo. De modo que las luces que encendamos en las noches oscuras de este invierno serán a la vez consuelo y advertencia: certeza consoladora de que «la luz del mundo» se ha encendido ya en la noche oscura de Belén y ha cambiado la noche del pecado humano en la noche santa del perdón divino; por otra parte, la conciencia de que esta luz solamente puede —y solamente quiere— seguir brillando si es sostenida por aquellos que, por ser cristianos, continúan a través de los tiempos la obra de Cristo. La luz de Cristo quiere iluminar la noche del mundo a través de la luz que somos nosotros; su presencia ya iniciada ha de seguir creciendo por medio de nosotros. Cuando en la noche santa suene una y otra vez el himno Hodie Christus natus est, debemos recordar que el inicio que se produjo en Belén ha de ser en nosotros inicio permanente, que aquella noche santa es nuevamente un «hoy» cada vez que un hombre permite que la luz del bien haga desaparecer en él las tinieblas del egoísmo (...) el niño ‑ Dios nace allí donde se obra por inspiración del amor del Señor, donde se hace algo más que intercambiar regalos.
Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan sólo comenzada. Esto implica que el cristiano no mira solamente a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfará definitivamente y todo le estará sometido: el día que Cristo vuelva. Sabe que la presencia de Dios, que acaba de comenzar, será un día presencia total. Y esta certeza le hace libre, le presta un apoyo definitivo (...)».
Alegraos en el Señor
(...) «“Alegraos, una vez más os lo digo: alegraos”. La alegría es fundamental en el cristianismo, que es por esencia evangelium, buena nueva. Y sin embargo es ahí donde el mundo se equivoca, y sale de la Iglesia en nombre de la alegría, pretendiendo que el cristianismo se la arrebata al hombre con todos sus preceptos y prohibiciones. Ciertamente, la alegría de Cristo no es tan fácil de ver como el placer banal que nace de cualquier diversión. Pero sería falso traducir las palabras: «Alegraos en el Señor» por estas otras: «Alegraos, pero en el Señor», como si en la segunda frase se quisiera recortar lo afirmado en la primera. Significa sencillamente «alegraos en el Señor», ya que el apóstol evidentemente cree que toda verdadera alegría está en el Señor, y que fuera de él no puede haber ninguna. Y de hecho es verdad que toda alegría que se da fuera de él o contra él no satisface, sino que, al contrario, arrastra al hombre a un remolino del que no puede estar verdaderamente contento. Por eso aquí se nos hace saber que la verdadera alegría no llega hasta que no la trae Cristo, y que de lo que se trata en nuestra vida es de aprender a ver y comprender a Cristo, el Dios de la gracia, la luz y la alegría del mundo. Pues nuestra alegría no será auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas que pueden sernos arrebatadas y destruidas, y se fundamente en la más íntima profundidad de nuestra existencia, imposible de sernos arrebatada por fuerza alguna del mundo. Y toda pérdida externa debería hacernos avanzar un paso hacia esa intimidad y hacernos más maduros para nuestra vida auténtica.
Así se echa de ver que los dos cuadros laterales del tríptico de Adviento, Juan y María, apuntan al centro, a Cristo, desde el que son comprensibles. Celebrar el Adviento significa, dicho una vez más, despertar a la vida la presencia de Dios oculta en nosotros. Juan y María nos enseñan a hacerlo. Para ello hay que andar un camino de conversión, de alejamiento de lo visible y acercamiento a lo invisible. Andando ese camino somos capaces de ver la maravilla de la gracia y aprendemos que no hay alegría más luminosa para el hombre y para el mundo que la de la gracia, que ha aparecido en Cristo. El mundo no es un conjunto de penas y dolores, toda la angustia que exista en el mundo está amparada por una misericordia amorosa, está dominada y superada por la benevolencia, el perdón y la salvación de Dios. Quien celebre así el Adviento podrá hablar con derecho de la Navidad feliz bienaventurada y llena de gracia. Y conocerá cómo la verdad contenida en la felicitación navideña es algo mucho mayor que ese sentimiento romántico de los que la celebran como una especie de diversión de carnaval».
Estar preparados...
«En el capitulo 13 que Pablo escribió a los cristianos en Roma, dice el Apóstol lo siguiente: “La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz. Andemos decentemente y como de día, no viviendo en comilonas y borracheras, ni en amancebamientos y libertinajes, ni en querellas y envidias, antes vestíos del Señor Jesucristo...” Según eso, Adviento significa ponerse en pie, despertar, sacudirse del sueño. ¿Qué quiere decir Pablo? Con términos como “comilonas, borracheras, amancebamientos y querellas” ha expresado claramente lo que entiende por «noche». Las comilonas nocturnas, con todos sus acompañamientos, son para él la expresión de lo que significa la noche y el sueño del hombre. Esos banquetes se convierten para San Pablo en imagen del mundo pagano en general que, viviendo de espaldas a la verdadera vocación humana, se hunde en lo material, permanece en la oscuridad sin verdad, duerme a pesar del ruido y del ajetreo. La comilona nocturna aparece como imagen de un mundo malogrado. ¿No debemos reconocer con espanto cuan frecuentemente describe Pablo de ese modo nuestro paganizado presente? Despertarse del sueño significa sublevarse contra el conformismo del mundo y de nuestra época, sacudirnos, con valor para la virtud v la fe, sueño que nos invita a desentendernos a nuestra vocación y nuestras mejor posibilidades. Tal vez las canciones del Adviento, que oímos de nuevo esta semana se tornen señales luminosas para nosotros que nos muestra el camino y nos permiten reconocer que hay una promesa más grande que la el dinero, el poder y el placer. Estar despiertos para Dios y para los demás hombres: he ahí el tipo de vigilancia a la que se refiere el Adviento, la vigilancia que descubre la luz y proporciona más claridad al mundo».
Juan el Bautista y María
«Juan el Bautista y María son los dos grandes prototipos de la existencia propia del Adviento. Por eso, dominan la liturgia de ese período. ¡Fijémonos primero en Juan el Bautista! Está ante nosotros exigiendo y actuando, ejerciendo, pues, ejemplarmente la tarea masculina. Él es el que llama con todo rigor a la metanoia, a transformar nuestro modo de pensar. Quien quiera ser cristiano debe “cambiar” continuamente sus pensamientos. Nuestro punto de vista natural es, desde luego, querer afirmarnos siempre a nosotros mismos, pagar con la misma moneda, ponernos siempre en el centro. Quien quiera encontrar a Dios tiene que convertirse interiormente una y otra vez, caminar en la dirección opuesta. Todo ello se ha de extender también a nuestro modo de comprender la vida en su conjunto. Día tras día nos topamos con el mundo de lo visible. Tan violentamente penetra en nosotros a través de carteles, la radio, el tráfico y demás fenómenos de la vida diaria, que somos inducidos a pensar que sólo existe él. Sin embargo, lo invisible es, en verdad, más excelso y posee más valor que todo lo visible. Una sola alma es, según la soberbia expresión de Pascal, más valiosa que el universo visible. Mas para percibirlo de forma vida es preciso convertirse, transformarse interiormente, vencer la ilusión de lo visible y hacerse sensible, afinar el oído y el espíritu para percibir lo invisible. Aceptar esta realidad es más importante que todo lo que, día tras día, se abalanza violentamente sobre nosotros. Metanoeite: dad una nueva dirección a vuestra mente, disponedla para percibir la presencia de Dios en el mundo, cambiad vuestro modo de pensar, considerar que Dios se hará presente en el mundo en vosotros y por vosotros. Ni siquiera Juan el Bautista se eximió del difícil acontecimiento de transformar su pensamiento, del deber de convertirse. ¡Cuán cierto es que éste es también el destino del sacerdote y de cada cristiano que anuncia a Cristo, al que conocemos y no conocemos!».

jueves, 19 de noviembre de 2009

El Vaticano:Por los secuestrados

Benedicto XVI dijo que la captura de personas es "el delito más atroz".


Un grupo de colombianos entregó ayer en el Vaticano el "casco blanco" por la libertad de los secuestrados al papa Benedicto XVI, quien dijo que el secuestro es "el delito más atroz".

El "casco blanco" le fue entregado al Sumo Pontífice por el periodista colombiano Herbin Hoyos, director del programa "Las voces del secuestro", que estuvo acompañado por su hijo Alí, de 6 años, y por Jenny Mendieta, hija del general Luis Mendieta, el militar de más alto rango en manos de las FARC, secuestrado desde hace once años.
Hoyos le contó al Papa que estuvo secuestrado en 1993, a lo que el Pontífice contestó, según fuentes colombianas: "No lo puedo creer. El secuestro es el delito más atroz".
Benedicto XVI ofreció sus oraciones por los secuestrados en el mundo y les aseguró su solidaridad. En numerosas ocasiones el Papa ha implorado por la libertad de los secuestrados.

" NUESTRO CORAZÓN LATE CON MÁS INTENCIDAD JUNTO CON EL SUYO".

LOS INVITO A COMPARTIR: " MOMENTOS DE ORACIÓN JUNTO A LAS  RELIQUIAS DEL SANTO CURA DE ARS, EN SALTA- CAPITAL, EL 18-11-09 EN EL SEMINARIO.
"CORAZÓN INCORRUPTO DEL SANTO CURA DE ARS"


Las reliquias de los santos y sus restos mortales son recuerdos que deben conservarse con esmero.

" Tambien los cuerpos de los santos mártires y de los demás que vivián con Cristo, qué fuéron santuario del Espiritu Santo, y serán resucitados en algún momento para la vida eterna y glorificados, deben ser venerados por los fieles. ( Conc. Tridentino)


La justificación del culto de las reliquias parte de una necesidad simplemente humana de respetar a la persona que ha dado muestras de santidad.


Santo Cura  de Ars; TÚ, adorador asiduo de cristo en el tabernáculo: Enséñanos a acercarnos con fe y devoción a la Eucaristía, para disfrutar de la presencia silenciosa de Jesús en el Santísimo Sacramento.



Santo Cura de Ars, ´TÚ has hecho de tu vida una ofrenda íntegra a Dios para el servicio de los hombres; que el Espiritu Santo por tu intercesión, nos ayude hoy a responder, sin desfallecer, a nuestra vocación personal.

TÚ, Santo Cura de Ars;  sé nuestro intercesor muy cerca de Dios; obténnos aquello que te pedimos, tú el pastor humilde y fiel, infatigable en el servicio de Dios y de los hombres.

martes, 17 de noviembre de 2009

El mundo se comprometió a reducir a la mitad el hambre

Latinoamérica objetó la falta de compromiso de los países ricos para aportar dinero a la lucha contra la desnutrición.



Los 193 países miembros de la FAO se comprometieron ayer en Roma, en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria, a reducir a la mitad para 2015 el número de personas que sufren hambre en todo el planeta. Sin embargo, la declaración final fue tildada de insuficiente por los latinoamericanos, ya que no prevé nuevos fondos necesarios para combatir la ola de hambrunas.

El último informe de Naciones Unidas indicó que hay 1.000 millones de personas que no están bien alimentadas."Nos comprometemos (...) para que deje inmediatamente de aumentar -y se reduzca considerablemente-el número de personas que sufren a causa del hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria", sostiene el texto.
"Nos comprometemos a adoptar medidas encaminadas a erradicar de manera definitiva el hambre lo antes posible", agrega el documento, que reitera la necesidad de alcanzar para el año 2015 las metas del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el número de personas -cerca de 500 millones- que padecen hambre.
"Nos alarma que las personas aquejadas por el hambre y la pobreza sean ahora más de 1.000 millones. Esta situación constituye una lacra inaceptable", sostiene la declaración, sin fijar una fecha concreta para erradicar el hambre ni otorgar fondos especiales para lograrlo.
La cumbre, convocada oficialmente "para dar un nuevo impulso a la lucha contra el hambre y la desnutrición", tenía como objetivo establecer una nueva estrategia para frenar el aumento del número de personas que sufren la escasez de alimentos en el mundo, que pasó de 850 millones en 2008 a 1.020 millones este año.
Unos 60 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Chile, Michelle Bachelet, junto al papa Benedicto XVI asistieron a la jornada inaugural, marcada por la ausencia de los líderes de las mayores potencias industrializadas.
La ausencia de fondos adicionales para combatir el hambre es notable, si se tiene en cuenta que el director general de la FAO, el senegalés Jacques Diouf, había pedido inversiones por 44.000 millones de dólares al año para los cerca de 2.000 millones de campesinos de los países pobres con el fin de reactivar el sector

El Papa insiste en que "la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes"


El Papa Benedicto XVI urgió a acabar con la contradicción que supone el hambre en un mundo que en realidad "puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes", según declaró durante la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria que empezó hoy en Roma, en la sede de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas.

"El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza" y, sin embargo, "se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes" lo que lleva a la conclusión de que "el hambre no depende tanto de la escasez material" sino de la "falta un sistema de instituciones económicas capaces" de distribuir la riqueza y asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso al agua y a la comida.
Según el Papa, la producción agrícola es "globalmente suficiente para satisfacer tanto la demanda actual, como la que se puede prever en el futuro", lo que indica que "no hay una relación de causa-efecto entre el incremento de la población y el hambre".
De hecho, esto se constata con "la deplorable destrucción de excedentes alimentarios en función del lucro económico". Por esta razón, en un mundo en el que más de 1.000 millones de personas pasan hambre, "no es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche", aseveró el Pontífice.
A lo largo de su discurso, Benedicto XVI concretó los distintos factores del sistema global que deberían cambiar para conseguir que la distribución de la riqueza y de los recursos entre los habitantes de todo el mundo sea más justa.
En particular, hizo referencia a las injusticias que se cometen en el comercio internacional tales como ciertas "subvenciones" que "perturban gravemente el sector agrícola", así como "la persistencia de modelos alimentarios orientados al mero consumo" o la "especulación" que hace tratar los alimentos "con el mismo criterio que cualquier otra mercancía."
Asimismo, el Pontífice afrontó el problema del cambio climático y las dramáticas repercusiones que tiene en algunos de los países menos desarrollados, al tiempo que subrayó la necesidad de que la cooperación internacional tenga como objetivo conseguir que las naciones más desfavorecidas lleguen a ser "autosuficientes" y "capaces de satisfacer las propias demandas de consumo y de desarrollo" por sí mismas.
Después de pronunciar su discurso, el Pontífice saludó uno a uno a los jefes de Estado que expresaron su deseo de reunirse con él. Además del Papa, intervinieron ante la asamblea el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon; el director general de la FAO, Jacques Diouf; el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi; el presidente de Egipto, Mohamed Hosni Mubarak; el líder de Libia, Muamar Gadafi; el presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva; y la de Chile, Michelle Bachelet; entre otros.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La Iglesia le pide al oficialismo "pacificar"


El Episcopado argentino pidió ayer que los gobernantes actúen para "cohesionar y pacificar al pueblo argentino".
Los prelados, con el cardenal Jorge Bergoglio a la cabeza, se pronunciaron con esas palabras al celebrar los 25 años del Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, que se conmemorarán el próximo 29 de noviembre.

En una declaración dada a conocer ayer, subrayaron que ese tratado dispone "la obligación de solucionar siempre todas sus controversias por medios pacíficos".
Y pidieron que esos principios sean "inspiradores también en el presente para la conducta de los ciudadanos y de los diversos sectores sociales, y para las políticas que han de adoptar las autoridades a fin de cohesionar y pacificar al pueblo argentino, y celebrar con verdadera alegría el próximo jubileo de la Patria", en referencia al Bicentenario de la Revolución de Mayo.
"Los argentinos y chilenos nunca agradeceremos suficientemente a Dios haber evitado la demencia de la guerra y mantenido el don de la paz. Puede ser que todavía no hayamos medido de manera cabal el abismo en el cual estuvimos a punto de caer. E incluso que no hayamos valorado en plenitud los amplios campos que se han abierto para la cooperación e integración de nuestros pueblos, y cuánto podemos aún beneficiarnos", subrayaron.