Màs vale encender una velaSi anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 1 Cor 9,16
jueves, 20 de agosto de 2009
PORQUE ES MUY CIERTO QUE.......
Màs vale encender una velamiércoles, 19 de agosto de 2009
Juan Eudes, Santo
Juan Eudes, SantoPresbítero y FundadorMartirologio Romano: San Juan Eudes, presbítero, que durante muchos años se dedicó a la predicación en las parroquias y después fundó la Congregación de Jesús y María, para la formación de los sacerdotes en los seminarios, y otra de religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, para fortalecer en la vida cristiana a las mujeres arrepentidas. Fomentó de una manera especial la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, hasta que en Caen, de la región de Normandía, en Francia, descansó piadosamente en el Señor
En la segunda mitad del siglo XVI, vivía en Ri, Normandía (Francia), un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora. Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. El mayor recibió el nombre de Juan y, desde niño, dio muestras de gran inclinación al amor de Dios. Se cuenta que, cuando tenía nueve años, un compañero de juegos le abofeteó; en vez de responder en la misma forma, Juan siguió el consejo evangélico y le presentó la otra mejilla. A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia. Pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la congregación del oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el superior general en 1623. Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar: su conducta en la congregación no lo fue menos, de suerte que el P. Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las órdenes menores. Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del P. Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, "estaba hecho para educar ángeles". El fin de la congregación del oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal y Juan Eudes tuvo la suerte de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle.Al servicio de los enfermosDos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: "La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las órdenes sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida". El P. Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento. Predicador ungidoPasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros". Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.Confesor: Las gentes decían de él: "En la predicación es un león, y en la confesión un cordero".Las mujeres atrapadas en mala vidaUna de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.Formación del cleroSan Juan Eudes se dio cuenta de que para que el pueblo sea ferviente y llevarlo a la santidad era necesario proveerlo de muy buenos y santos sacerdotes y que para formarlos se necesitaban seminarios donde los jóvenes recibieran muy esmerada preparación. Por eso se propuso fundar seminarios en los cuales los futuros sacerdotes fueran esmeradamente preparados para su sagrado ministerio.Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la congregación del oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El P. Condren, que había sido nombrado superior general, estaba de acuerdo con el santo; pero su su-cesor, el P. Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén.Entonces el P. Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio". El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María; como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.La congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los padres del oratorio. En 1646, el P. Eudes envió a Roma al P. Manoury para que recabase la aprobación pontificia para la congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.En 1650, el obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, M. Oliver, que consideraba al santo como "la maravilla de su época", Ie invitó a predicar una misión de diez semanas en la iglesia de, San Sulpicio de París. Mientras se hallaba en esa misión, el P. Eudes recibió la noticia de que el obispo de Bayeux acababa de aprobar la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouen en 1659. ¡En seguida, el santo se dirigió a Roma a tratar de conseguir la aprobación pontificia para su congregación; pero los santos no siempre tienen éxito, y San Juan Eudes fracasó en Roma. Un año después, una bula de Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el P. Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas. San Juan siguió predicando misiones con gran éxito; en 1666, fundó un seminario en Evreux y, en 1670, otro en Rennes.Al afro siguiente, publicó un libro titulado "La Devoción al Adorable Corazón de Jesús". Ya antes, el santo había instituido en su congregación una fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de agosto de 1670, se celebró por primera vez dicha fiesta en la capilla del seminario de Rennes y pronto se extendió a otras diócesis. Así pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer apóstol de la devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él "quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María"´, como lo dijo León XIII en 1903. El decreto de beatificación añadía: "El fue el primero que, por divina inspiración les tributó un culto litúrgico."Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios
Juan Eudes, Santode San Juan Eudes.Durante los últimos años de su vida, el santo escribió su tratado sobre "el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios"; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir. Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró prácticamente de la vida activa. Su muerte ocurrió el 19 de agosto de 1680.
PALABRA DEL DIA ( 19-08-09)
LA ALEGRÌA

lunes, 17 de agosto de 2009
PALABRA DEL DIA ( 18-08-09)
MATEO 19, 23-30 PALABRA DEL DIA. 17-08-09
Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: " Maestro, ¿ Qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida Eterna?". Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida Eterna, cumple los mandamientos"." ¿ Cuáles?" preguntó el hombre. Jesús le respondió: " no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falsos testimonios, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo". El joven dijo: " Todo esto lo he cumplido:¿ qué me queda por hacer?". "Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalos a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sìgueme". Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.
Palabra de Dios.
COMENTARIO.
Jesús no había exigido nada a este joven. Fue él, por iniciativa propia, quien se acercó a Jesús. ¿ Què inquietud o insatisfacciòn había en el fondo de su ser, que no estaba tranquilo con cumplir cabalmente los mandamientos? Y sin embargo, cuando escuchó la propuesta para dar un paso más, se sintió atado y no pudo seguir adelante. Y se quedó con muchos vienes y triste. ¿ No tendremos también nosotros alguna posesión que nos pesa y no nos permite caminar libres siguiendo a Jesús?
Los siete pecados capitales

Del tercero, nadie se libra en esta sociedad consumista que presume de tal con los desechos que produce. En el cuarto cae la mayoría, en mayor o menor grado. El sexto pareciera decir: “Te puedes enriquecer a expensas del bien común; pero no presumas”. Si se examinan con detenimiento “Los Siete Nuevos Pecados Capitales” derivan de “los siete viejos pecados capitales”: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.
La lujuria es el pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual; pero, ¿Cuál es la causa de esta “enfermedad” o “pecado”, según sea el punto de vista: científico, o religioso? ¿Se “nace lujurioso” a causa del “pecado original”, o es la misma sociedad que corrompe al ser humano? ¿De que forma se mide la obsesión o el exceso?
En una sociedad que considera válido casi cualquier procedimiento para enriquecerse, entre los que se incluye la industria de la pornografía, ¿quién realmente comete el “pecado” (delito)? ¿Quien lo estimula, o quien lo manifiesta? ¿La autoridad que lo permite? Aun sin llegar al extremo de la pornografía abierta, la mayoría de los medios de comunicación estimulan la lujuria con escenas, escritos, sonidos o canciones diseñados para captar la atención de sus usuarios. ¿Quiénes son los pecadores? ¿Sus dueños? ¿Sus integrantes? ¿Sus clientes?
La gula o glotonería es el consumo excesivo de comida y bebida de manera irracional o innecesaria. Un concepto actualizado de la gula debería incluir el consumo excesivo de cualquier producto; más aún si éste es innecesario, porque debido a ello se distraen recursos para la producción de alimentos y otros productos de primera necesidad, lo cual acarrea hambre e incrementa la pobreza en aquellos que ya la padecen.
Obviamente, lo anterior es injusticia social, la cual se acrecienta con la contaminación del medio ambiente que el consumo excesivo ocasiona; puesto que ello siempre termina afectando a quienes sufren la desigualdad social y constituye una forma de experimentación sobre los seres humanos para determinar su límite de resistencia física y sicológica.
La avaricia pareciera ser la causa de todos los males de este mundo; por ella se pretende la conquista del planeta; se sobornan personajes para que entreguen las riquezas naturales de sus países; se invaden naciones para apoderarse de sus recursos; se arrasan pueblos para que sus tierras queden en condiciones de fácil explotación por quienes se apoderan de ellas como botín de guerra. Cada vez que un funcionario recibe un soborno, se enriquece a expensas de los demás; de aquellos que debieron haber recibido un bien o servicio apropiado y no lo consiguieron.
La avaricia pervierte los valores morales, destruye la ética de quienes corrompe, y causa confusión en aquellos que contemplan atónitos tanta impunidad. Por ella, unos pocos se enriquecen obscenamente a expensas del bien común; mientras que muchos sufren las consecuencias de la contaminación de la cual es objeto el medio ambiente. Quienes no pierden sus tierras por la conquista, lo hacen por la contaminación. La injusticia social extiende su manto tétrico e incrementa la pobreza crítica.
La ira puede llevar a hombres y gobiernos a evadir los procedimientos sociales establecidos; todo ello, para satisfacer sus deseos de venganza sobre quienes se atreven a reclamar un poco de justicia social para sí, o para otros. La impotencia frente a la negativa de grupos de poder de compartir con la mayoría las riquezas que esta última contribuye a producir conduce a la aparición de grupos de lucha para la obtención armada, o política, del poder, desde el cual aspiran combatir la injusticia social y disminuir la pobreza; aunque algunas veces la avaricia los conduce a cometer las injusticias que otrora combatieran.
El reconocimiento implícito de la injusticia social que ellos mismos cometen lleva a ciertos grupos de poder a conformar bandas armadas con las cuales pretenden intimidar a quienes luchan por sus propias reivindicaciones, porque aquellos están conscientes que han acumulado riquezas que les pertenecen a quienes se las están reclamando. Este reclamo les despierta la ira, pues no entienden el por qué deben compartir riqueza y poder, si ambos les ha pertenecido por siempre.
La “cochina envidia” parece causarle más daño a quien se deja poseer por ella que a quien es el causante del sentimiento en el primero; se refiere más al querer ser como otro y no a la posesión de los bienes de quien es envidiado. Pareciera más bien un problema personal de carácter religioso, o siquiátrico. Tal vez impide que una persona alcance su pleno desarrollo por estar enfocando sus esfuerzos en parecerse a quienes desea imitar. Quizás consuma drogas para aislarse de una realidad personal incapaz de soportar. Hasta pudiera violar las leyes con la ejecución de actividades ilícitas para obtener el dinero necesario para comprar la droga que le permitirá aislarse temporalmente del objeto inalcanzable.
La soberbia, considerado el generador de los otros seis restantes Pecados Capitales, es también la causa de la mayoría de los males de esta sociedad; si una persona soberbia puede causar mal a los demás, ¿se imaginan el daño que le causa al mundo una nación soberbia presidida por un gobernante soberbio?
Es curioso que un pueblo como el estadounidense que se levantó bajo el principio cristiano protestante de que Dios compensa en este mundo terrenal al esfuerzo del hombre y su buen compartimiento, pero que también castiga aquí al malvado, pareciera no haber meditado sobre el daño irreparable que la ambición de quienes se “enriquecen hasta límites obscenos a expensas del bien común” coloquen gobernantes que promueven guerras continuamente, para incrementar sus ganancias, sin importar el daño causado a la humanidad.
Sumidos en la embriaguez que produce la abundancia interna, la cual ya no es sólo producto de su trabajo, sino de la depredación que sus gobiernos llevan a cabo en los países sometidos por la fuerza o el capital, parecen no comprender la magnitud del daño que han ocasionado, al extremo de llevar la raza humana al borde de la extinción. Todos “Los Siete Nuevos Pecados Capitales” parecen capitalizarse en esta sede del capitalismo mundial.
El hecho de que la mayor parte de su población sea protestante, no impide el reconocimiento de las faltas señaladas por la religión de la cual disienten; tampoco evitará que los afecte “el castigo divino”, que no es otro que el calentamiento global. La negativa de firmar el Protocolo de Kyoto mediante el cual se obligarían a reducir las emisiones de monóxido de carbono para disminuir el impacto del efecto invernadero ratifica que a pesar de haberse enriquecido a límites obscenos, empobreciendo a otros países y promoviendo la injusticia social con el disfraz de libertad, están dispuestos a “matar al planeta” con la contaminación –y hasta morir con él– antes que prescindir de la “lujuria del consumo” que han adoptado.
La doble moral de la sociedad estadounidense se ha manifestado una vez más al condenar al Alcalde de Nueva Cork por cometer el “pecado político” de la “lujuria pública”; sin embargo, continúan exculpando a su presidente a quien una y otra vez se le ha comprobado que además de violar repetidamente el mandamiento de “no mentir”, en una de las tantas veces que cometió perjurio, afirmó que Irak poseía armas de destrucción masiva para justificar una invasión que les permitiría apoderarse de su petróleo. La inmoralidad llegó al límite de llevarse las cámaras televisivas para que el sector enfermo de la sociedad disfrutara del espectáculo.
Sólo en este caso, cometió cuatro de los Siete Nuevos Pecados Capitales, al “contaminar el medio ambiente” con municiones radiactivas; “provocar injusticia social” al destruir tantas familias y pretender cambiar a la fuerza un sistema político; “empobrecer” al país al robarle sus recursos naturales; y permitirle a sus empresas “enriquecerse hasta límites obscenos a expensas del bien común”. ¿Cuánta sangre ha costado el insultante nivel de vida de este país invasor?
La soberbia –expresada como borrachera del poder– es la que los lleva a cometer estos “dos nuevos Pecados Capitales” que parecen ser exclusivos del capitalismo: “No realizarás manipulaciones genéticas”. “No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones”. Los países pobres no poseen ni la tecnología dominante, ni los recursos financieros necesarios para pretender crear una nueva “superraza” que podría heredar la tierra después de un holocausto nuclear, el cual está siendo promovido por la soberbia del gobernante del país más “soberbiamente capitalista” del mundo.
Es la soberbia de su actual presidente la que clama a gritos a su Congreso para que, en su condición de amos y señores del Planeta Tierra (¡Soberbia de país!) declaren a Venezuela como paraíso terrorista y narcotraficante para “justificar” –a los ojos de la doble moral interna– una invasión que les permita apoderarse de su petróleo y garantizar un combustible barato para continuar cometiendo plácidamente los “siete viejos pecados capitales”, ahora “capitalizados” por los “siete nuevos pecados capitales”.
Es la “soberbia histórica” la que los hace llamarse “americanos”, como si el resto de naciones de este continente no existieran. Han pretendido negar nuestra histórica gesta independentista y la profecía de un hombre que vio en su símbolo (el águila) la rapiña de la cuál seríamos objeto. Dos siglos antes de que la Iglesia Católica lo advirtiera, en una frase resumió “los siete nuevos pecados capitales”: “Los Estados Unidos parecen destinados por La Providencia para plagar de miseria la América Latina”.
Cuando adoptaron su nombre y escogieron su emblema establecieron su condición depredadora futura: desconocerían la soberanía de los otros territorios independizados y se los anexarían para crear una sola nación americana. Iniciaron su práctica abierta con México y Puerto Rico y luego la extendieron encubierta al mundo entero, con el control total de los gobiernos de turno, como ocurre descaradamente con Colombia: ¡La soberbia de un país aliada con la soberbia de un grupo dominante!
La pereza no es la negación a contribuir con el esfuerzo personal al enriquecimiento obsceno de algunos pocos; ni la negativa a la realización de actividades que parecieran imprescindibles para la obtención del diario sustento; la pereza pasa de su condición religiosa a ser un problema social.
El cambio de democracia representativa a democracia participativa es un paso hacia la erradicación de la “pereza social”, porque ya el individuo no puede estar esperando que sean unos pocos los que luchen por su mejoramiento personal, sino que debe participar activamente por la obtención de su paraíso terrenal.
El Nuevo Socialismo; el Socialismo Bolivariano; el Socialismo del Siglo XXI; la Nueva Era; la Nueva Tierra, o cualquiera sea el nombre con el cual quiera designarse, es la lucha del “hombre nuevo” por librarse de las ataduras impuestas por el dogmatismo religioso –en concordancia con el poder mundial–, las cuales le impiden actuar en este “mundo terrenal” porque espera su compensación después de morir, a cambio de su “pereza social”.
Fue a la manipulación religiosa a la cual Marx atacó y llamó “el opio de los pueblos”, pues los adormecían y retrasaba la lucha social; porque no le impide a un profundo creyente en Dios, el ser socialista. Es más, a la luz de la nueva visión del mundo que la Iglesia Católica presenta –puesto que no le queda otra alternativa–, pareciera ser un llamado a “terrenalizarse” y comenzar a luchar por construir un paraíso aquí, mientras espera la llegada del “cielo prometido”.
La nueva sociedad que está naciendo no prescinde de la creencia en Dios, sino de la manipulación religiosa, pues el “nuevo hombre” está descubriendo que no necesita de intermediarios para acercarse a Él, como le han hecho creer en los dos últimos milenios. Su templo es su entorno social; su calvario, su lucha por la supervivencia; su cielo, la satisfacción de una vida terrenal digna.
Si bien el Comunismo sostiene que el Socialismo es su fase previa, en este siglo lo será para una sociedad libre de dogmatismos religiosos, en los cuales cayó este sistema sociopolítico; también lo será de dogmatismos políticos, como los asumieron los grupos de poder religiosos, en contra del primero, porque era la posible pérdida del control social lo que estaba en juego y no la creencia en un Ser Supremo.
domingo, 16 de agosto de 2009
EVANGELIO DEL DIA

domingo 16 Agosto 2009
Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario
« El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él» El sacrificio celestial instituido por Cristo es, verdaderamente, la herencia que nos legó con su testamento nuevo; la noche en que iba a ser entregado para ser crucificado nos dejó como una prenda de su presencia. Es el viático para nuestro viaje, nuestro alimento en el camino de la vida hasta que, dejando este mundo, lleguemos al término de ésa. Por eso el Señor dijo: «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Quiso que todos sus favores permanecieran entre nosotros; quiso que las almas rescatadas con su preciosa sangre fueran siempre santificadas según la imagen de su propia Pasión. Por eso dio orden a sus fieles discípulos, que puso como los primeros presbíteros de su Iglesia, que celebraran para siempre estos misterios de vida eterna... Por eso todo el pueblo de los fieles debería tener cada día ante sus ojos la representación de la Pasión de Cristo; teniéndola en nuestras manos, recibiéndola en nuestra boca y en nuestro corazón, conservaremos un recuerdo imborrable de nuestra redención. Precisa que el pan sea hecho con harina de muchos granos de trigo, mezclada con agua y el fuego culmine su obra en ella. Se encuentra, pues, en ella una imagen semejante al cuerpo de Cristo porque nosotros sabemos que Cristo, con todos los hombres, forma un solo cuerpo que el Espíritu Santo ha llevado a su plenitud... De la misma manera, el vino de su sangre se saca de muchos racimos, es decir, de racimos de la viña por él plantada, exprimidos bajo el lagar de la cruz; derramado en el corazón de sus fieles borbotea en él por su propio poder. Este es el sacrificio de la Pascua que lleva la salvación a todos los que han sido liberados de la esclavitud de Egipto y del Faraón, es decir, del demonio. Recibidlo unidos a nosotros, con toda la avidez de un corazón religioso.
