domingo, 19 de abril de 2015

“CORAZONES ARDIENTES”

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35.

“Aprender de Jesús a predicar la buena noticia, para que con entusiasmo podamos anunciar la Palabra y contagiar a los demás del ardor misionero”

Dos discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús. El evangelista Lucas presenta a dos discípulos camino a Emaús, no son “apóstoles”, son discípulos que tal vez formarían parte del grupo de los 70, o tal vez de quienes seguían a Jesús desde Galilea. Estos dos discípulos van discutiendo por el camino, hablan sobre lo ocurrido. Lucas presenta la escena dándonos el nombre de uno de ellos: “Cleofás”, el otro permanece como un total desconocido, anónimo, alguien con el cual podemos identificarnos. ¡Podría ser  3 cualquiera de nosotros, podría ser yo! Jesús se aproxima a ellos, pero, como dice Lucas, “algo impedía que sus ojos lo reconocieran”. Jesús pasa desapercibido, no se dan cuenta que es Él. Los discípulos están tan metidos en su discusión, en su conversación sobre esto o aquello, están tan obstinados en mirar las cosas desde su perspectiva, su punto de vista, que no ven la realidad tal como se les está presentando. ¿Cuántas veces nos ha pasado esto? Ensimismados no atinamos a captar otra cosa que lo que sentimos o vemos adentro. Es como haber secuestrado nuestra presencia al mundo circundante, nos hemos arrebatado a nosotros mismos. Y así caminamos, quizá por muchos años, en un autismo, en un solipsismo, que nos lleva a vivir tan egocéntricamente (que no es lo mismo que decir “egoístamente”), que todo lo circundante y la vida a nuestro alrededor es algo que “pasa” de largo a nuestro lado. ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días! La ironía de la dura respuesta de Cleofás hoy es evidente. Cleofás trata a Jesús de forastero, tal vez le sintió la tonada galilea, cuando Él es el protagonista principal de todos los acontecimientos que sucedieron en Jerusalén. Jesús puede decir que Él es el único que no es “forastero”, es el único que no estuvo afuera… Al contrario, su presencia es la que suscita todos los acontecimientos. Y Jesús con un corazón sereno, paciente, empieza a enseñarles, diríamos hoy con Biblia en mano, todo “lo que se refería a Él”. Tendrán que llegar al pueblo para que Jesús se dé a conocer. En un gesto sacramental tomará el pan, pronunciará la bendición, lo partirá y se los entregará. Lucas nos dice: “entonces, los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron”. ¡Cuántos cristianos hoy dicen creer y no celebran los sacramentos en la Iglesia! ¡Cuántos católicos hoy se privan voluntariamente de recibir la Eucaristía! Nunca olvidemos este relato de los discípulos de Emaús, en cada Misa, en cada celebración litúrgica, Jesús “comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas” nos explica las Escrituras. En cada Misa celebrada se proclama la Palabra de Dios, en cada homilía se nos explica y actualiza el mensaje de la Palabra de Dios, en cada celebración eucarística la Palabra se sirve a la mesa del creyente atento y con hambre de la enseñanza de las cosas divinas. Pero también en cada Misa se toma el pan, se pronuncia la bendición, se lo parte y se lo entrega a los hambrientos de Dios. La Eucaristía, alimento divino, pan bajado del Cielo, es el sacramento que abre nuestros ojos, que nos devuelve la vista en nuestros ojos ciegos, que nos permite ver la vida con mirada de eternidad. El v. 32 nos muestra cómo deberían ser nuestras celebraciones eucarísticas, a veces tan frías, aburridas y rutinarias: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Aquí no se trata de cómo lo hace el presidente de la asamblea (presbítero), se trata cómo celebramos cada uno de nosotros la Eucaristía, que es tan personal y tan comunitaria al mismo tiempo. Si nuestro corazón arde en cada celebración eucarística, si la alegría del encuentro aflora en nuestro ser en cada celebración eucarística, si nuestros ojos se abren a la vida y al amor de Dios en cada celebración eucarística, es porque hemos reconocido a Jesús al partir el pan. O




martes, 13 de enero de 2015

"Y La Verdad os Hara Libres"

Iban un día de paseo dos peces por el mar. Y un pez le dice al otro: -Oye, ¿ves esa lombriz? Pues fíjate: está col­gada de un hilo. Y en la punta del hilo hay una caña. Y esta caña está en manos de un hombre. Y ese hombre está esperando a que uno de nosotros se lance a por la lombriz, para engancharle, y a la sartén.

Y el otro, que se las daba de muy enterado, que no creía nada de lo que le decía su compañero: -Bueno, ¿y tú crees en el cuento de la sartén? ¡Pero si es un cuento de viejas! ¡Si eso lo contaba mi abuela! Yo, un pez moderno en el siglo de la técnica, ¿me voy a creer cuentos de viejas? ¿Quién ha vuelto de la sartén para contarlo? ¿No quieres la lombriz? ¡Tú te la pierdes! ¡Mía es!

Y ese pez «listillo», que no creía cuentos de viejas, que se reía de todo eso, se lanzó a por la lombriz, y lo engancharon y ¡a la sartén! Porque el cuento de la sartén no es mentira porque él diga que es mentira. Existe la sartén y los hombres que comemos pescado frito.

Como a el pez listo que terminó en la sarten, a algunos no les conviene creer en Dios porque la religión exige mucho. Los es­torba. Si creemos en Dios, nos obliga una moral, nos obliga una honradez, nos obliga una rectitud. Por no querer adaptar nuestra vida a la fe, tira­mos la fe por la borda. Decimos: «Yo no creo en Dios, y así vivo a mis anchas: hago lo que me da la gana, lo que me apetece, lo que me conviene. »

Y es que las verdades son muy antiguas. Hace mucho tiempo que dos y dos son cuatro. Y no por eso dejan de ser cuatro. Lo que es verdad lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana... Y el infierno que fue verdad para los abuelos será también ver­dad para los nietos. Las verdades dogmáticas no pasan con el tiempo. Son verdad siempre. La so­lución es cuestión de cien años. Cien años pasan pronto. Nos habremos enterado todos. Los que creemos nos encontraremos con lo que creemos y los que no creen se encontrarán que se han equi­vocado. Pero todos nos vamos a enterar, porque la muerte nos lo aclara todo.

martes, 23 de diciembre de 2014

FELIZ NOCHE BUENA Y FELIZ NAVIDAD!!!!



Esta Nochebuena y esta Navidad deseo, que todos sean bendecidos por el nacimiento del niño Jesús y que Dios ilumine los corazones de todos mis amigos, a toda la humanidad para que puedan pasar felices con sus familias.”

“Este 24 será una noche hermosa adornada por millones de estrellas y por el nacimiento de un niño salvador que va a enamorar a cualquiera.


domingo, 14 de diciembre de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


): Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28.

“ HUBO UN HOMBRE, ENVIADO POR DIOS: SE LLAMABA JUAN”

“Redescubrir la celebración de la venida de Jesús como el tiempo oportuno para hacer vida la Verdad que nos hace libres”.

Vv. 6-8: La primera cosa que nos marca la Palabra de Dios es que Juan fue “enviado”, y fue enviado para dar “testimonio”. Podríamos decir que Juan era un “ángel”, un mensajero celestial, que vino con una tarea específica: la de testimoniar la presencia de la luz a los hombres cegados por sus pecados. A la manera de un oculista, Juan desarrolla su tarea haciendo abrir los ojos a los ciegos y a los que no quieren ver. Por eso el evangelio escrito por San Juan resalta que “él no era la Luz, sino el testigo de la luz”.

Vv 19-23: Una sola pregunta. “¿Quién eres tú?”. Las aclaraciones: “no soy el Mesías”, “no soy el Profeta”. La definición “soy una voz que grita en el desierto”. El testigo de la Luz testimonia predicando, gritando que hay que hacer llano el camino de Dios en nosotros. Juan puede responder adecuadamente a la pregunta, tiene autoconciencia, sabe quién es. Si lo llevamos a un plano personal, nosotros también debemos responder a esa pregunta: “¡Quién eres tú?”. Mucha gente empieza respondiendo como Juan: “No soy esto, o aquello”. La definición por vía negativa implica siempre una comparación: el adolescente se compara con su padre o madre y dice: “No quiero ser como mi papá o mi mamá”, con lo cual está entrando en la definición “negativa”. ¿Es útil definirse de ese modo? ¿No será peligroso ya que puede llevarnos a la oposición o desprecio de los demás?

Definirse en negativo es necesario, no es lo único necesario, ya que si me defino “por lo que no soy” tengo que definirme también por “lo que soy”. Son definiciones complementarias. Decir “no soy esto” es poner límites, tomar distancia, individualizarse, salir del rebaño. Decir no soy así es mostrar, como si fuera una sombra, que soy de otro modo. Cuando nos definimos por lo que no somos estamos haciendo una especie de “teatro de sombras” alcanzamos a vislumbrar, por contraste, lo que somos, pero no de manera perfecta. Si digo “no soy vengativo” estoy diciendo, también que puedo llegar a perdonar, o quizá que me olvido de lo que me hacen sin perdonar conscientemente. No es lo mismo decir “no soy vengativo” a decir “perdono a los que me hieren”.

Juan se define diciendo: “No soy esto o aquello”, pero también dice: “soy Una voz que grita en el desierto”. A la definición negativa le sigue la positiva. No soy esto pero soy aquello, no me comporto así, me comporto de este modo. Siguiendo el ejemplo anterior, puedo decir “no soy vengativo” pero tal vez no pueda decir “perdono las ofensas que me hacen”. Que no sea vengativo no quiere decir que siempre perdone, tal vez me olvido o no me llega la ofensa que me hacen y eso no es perdonar es, llanamente, olvidar o no sentir dolor por el mal que recibo (ya que no me importa).

Para que una definición en positivo nos muestre la vocación a la que hemos sido llamados, debe estar formulada como lo hace Juan: “soy una voz que grita en el desierto”. El “que” es esencial. Por ejemplo: si una persona se define diciendo “soy un cristiano”, o “soy una persona buena” o “soy un creyente” eso no significa que pueda tener vocación para algo… solo significa que es un cristiano (ni bueno, ni malo), que es una persona buena (que tal vez no hace nada malo), y que es “un creyente” (también, como el cristiano, puede ser bueno o malo). Pero cuando una persona dice “soy un cristiano que ayuda a los pobres”, “soy una persona buena que es misericordiosa”, “soy un creyente que predica la palabra de Dios”… está mostrando, al igual que Juan el Bautista, cual es su vocación concreta y particular.

Vv. 25-28: Ante esta pregunta Juan especifica algo que tiene que ver con su misión de ser una voz que grita en el desierto… él no es la luz, muestra, indica a dónde está la luz. Su tarea es funcional, práctica, ser el “dedo índice”, el que indica a dónde mirar. Por eso dice con tanta seguridad. “En medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen” (v. 26). Juan ha discernido con seguridad cuál es su vocación, la llamada que Dios le hizo y la vive con integridad, con plenitud. No asume ser lo que no es. Se define negativa y positivamente, y muestra que tiene bien en claro cual es su tarea en este mundo.
Ante todo esto nosotros, debemos dejar que Dios nos pregunte “quién eres tú”, y definirnos por lo que “no somos” y por lo “que somos”. En esta última definición recordemos que no basta decir “soy esto o aquello”, sino que es conveniente –como lo hizo Juan el Bautista- especificar “soy esto ‘que’ hace tal cosa”. Así se marcará la dimensión vocacional, la llamada, el sentido de nuestra vida en este mundo. Entonces podremos, como Juan, ser realmente útiles a la misión que Dios nos encomendó en este mundo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32

«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña. Y él respondió: No quiero, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: Voy, Señor, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él. 

“QUE TU SÍ SEA SÍ”

“Recuperar el andar por los caminos del Señor diciéndole SÍ día a día; para que, con la fuerza del Espíritu, lleguemos a la meta”.

Las tres parábolas de Mt 21, 28 – 22, 14 muestran que el primer evangelio acentúa mucho más que los otros sinópticos el rechazo de Israel. La primera de esas parábolas describe una escena familiar: al pedido del padre, un hijo responde no quiero, pero luego reflexiona, se arrepiente y cumple; al otro le falta valor para decir "no" y acepta una orden que en su interior no piensa cumplir.

En el contexto de las controversias que empezaron con la pregunta de los sumos sacerdotes y los escribas sobre la autoridad de Jesús (21, 23–27), los dos hijos representan sin duda a dos grupos bien definidos: por un lado, los judíos piadosos, que dicen y no hacen, como lo aclara el reproche que Jesús dirige más tarde a los escribas y fariseos (23, 3); por el otro, los publicanos y prostitutas, que por su fe en Jesús estaban más cerca de la verdadera justicia. Los judíos, que honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos de él (Is 29, 13 citado en Mt 15, 8), son suplantados por un pueblo que produce fruto a su debido tiempo (21, 41).

La parábola no comienza con la fórmula habitual (el Reino de los Cielos se parece, 13, 24. 31. 33. 44. 45. 47), pero en el v. 31 se encuentra la expresión Reino de Dios (y no Reino de los Cielos, que es la forma característica de Mateo).

El v. 32 no pertenecía originariamente a la parábola, pero se une naturalmente a ella en razón de su contenido. El texto establece un paralelismo tácito entre Jesús y Juan el Bautista, y hace notar que la situación descrita en la parábola de los dos hijos ya estaba presente en tiempos de Juan. Juan vino por el camino de la justicia, pero los jefes del pueblo, que son ahora los adversarios de Jesús, no escucharon su llamado a la conversión. En cambio, los recaudadores de impuestos y las prostitutas creyeron en él y por eso llegan antes que ellos al reino de Dios (v. 31).

viernes, 22 de agosto de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
– «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
– «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó:
– «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
– «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
-«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor

“un lugar para todos”

“Redescubrir nuestra misión como cristianos; para que, fortalecidos en la fe, la esperanza y el amor, pongamos nuestros dones al servicio de nuestros hermanos”.

.La Palabra de hoy nos habla de la profesión de fe de Pedro. Y Jesús le dice: “¡Feliz de ti, Simón!”, porque hasta ese momento era Simón, y después Jesús le cambió el nombre y le puso Pedro, que significa piedra. En realidad, Jesús lo dijo en arameo, por eso san Pablo, en la carta a los gálatas, capítulo 2, versículos 11 y 14, hablará de Simón Pedro como “Cefas”, piedra en arameo. 

Podemos dividir en dos partes el Evangelio. En primero lugar, la pregunta que hace Jesús: ¿Quién dice la gente que soy yo? Y los discípulos le dicen que la gente piensa que es Juan el Bautista... ¿Por qué pensaba la gente que Él era Juan el Bautista que había resucitado? Porque Herodes, que lo había hecho matar a Juan -en el baile de Salomé, ella le pide en una bandeja la cabeza de Juan y lo matan por la borrachera de este hombre-, pensaba, cuando escuchó hablar de Jesús, que era Juan que había resucitado, como la venganza de Dios que viene a cobrar cuentas por lo malo que él hizo. 

Algunos dicen que sos Elías... Elías fue elevado al cielo en un carro de fuego, Dios no permitió que muriera, era un gran profeta con mucho poder, que frenó dentro del pueblo de Israel la entrada de las otras religiones que traían las mujeres de los reyes. Jezabel había traído una religión y Elías se opuso a ella y tuvo que huir al desierto, donde resucitó al hijo de esa mujer que se había quedado viuda y que le había convidado el pancito en el desierto, que le duró tres años y medio y mientras duró la sequía ese pancito en ese carro que había hecho el milagro Elías. La gente pensaba que Elías iba a volver antes de que llegara el Mesías. Si Jesús estaba acá y era Elías, ya vendría el Mesías. 

Y, por último, Mateo es el único quien pone que también piensan que es Jeremías. Jeremías es el gran profeta del sufrimiento, del dolor. Mateo lo pone a propósito porque Jesús, inmediatamente después de esto, empieza a hablar de la cruz y de cómo tiene que sufrir, de cómo va a ser condenado a muerte, cómo va a ser crucificado. 

Pero, como sabemos nosotros, ninguna de estas tres versiones es real. Jesús es un profeta, pero es mucho más que un profeta. Jesús es un enviado de Dios, pero es mucho más que un enviado de Dios. Jesús es aquel que viene a mostrar el fin de los tiempos, pero es mucho más que ese fin de los tiempos. 

Por eso, Jesús, ahora, dirigiéndose a su pequeño auditorio, a sus fieles discípulos, a quienes lo siguen, les dice, mirándolos a la cara: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”. Llegó la hora de la verdad. ¿Quién es Jesús para nosotros? Simón, como siempre, se adelanta al grupo y dice: “Señor, tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, lo dice con una fe, un convencimiento, una fuerza, que Jesús se alegra inmediatamente cuando descubre en Simón esa capacidad de expresar tan concretamente la fe que tienen que tener todos. Y Mateo a propósito lo pone acá. Eso que ya venía siendo guardado a través de varios años por la comunidad, Mateo lo pone con fuerza para que todo el que lea su Evangelio capte estas palabras tan fuertes: el qué dice la gente y cómo piensa, y cómo debe pensar la comunidad. No me importa lo que digan los demás de Jesús, digo lo que yo sé que es: el Mesías, el Ungido, el Cristo, el Salvador. Después de los milagros, sos el verdadero Dios, el verdadero hombre que has venido a salvarnos, a darnos vida para siempre. No podemos esperar a otro, sos Vos el que nos salva. Y es ahí donde Jesús le dice: Feliz de ti Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha dicho ni la carne ni la sangre, no te lo dice el hombre, no te lo enseñaron los libros, no te lo transmitió un gurú, un sabio, un gran intelectual. Esto te lo ha dicho mi Padre que está en el cielo y con la fuerza del Espíritu, que gime dentro tuyo, has podido decir estas palabras. Por eso, yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Dos veces utiliza Mateo la palabra Iglesia en lugares importantísimos. Iglesia significa asamblea, congregación de los santos, juntarse. Por eso, al templo le decimos “la iglesia”, porque nos juntamos en ella, es un templo de piedra. Sí, en cualquier lado está Él, es verdad, pero necesitamos la piedra que haga de base y no solamente de base, la roca firme. Recordemos la parábola de ese que construye sobre arena y se le cayó la casa; y ese que construye sobre roca y como tiene el cimiento firme, la casa no cae, se vuelve rígida (ver Mt 7, 24-27). Pero la roca firme no solamente es el cimiento firme, sino también la montaña de piedra que, en el tiempo de Jesús, era cavada por los pastores para hacer refugio donde se guarnecieran de las tormentas, de las inclemencias del tiempo, de las lluvias, de las tormentas con rayos, cuando hacía mucho calor se refugiaban en las cuevas de piedra para descansar. Son los graneros que tienen en los Valles Calchaquíes, los incas, cavados en la montaña. Eso también es roca, eso es Cefas, es la roca cavada que se convierte en algo que protege, que cuida la vida y que es fuerte, que impide que la vida muera. No sólo es un buen cimiento, es una casa protectora, es un lugar donde Dios te está cuidando, es el pesebre donde Dios te está protegiendo, es el lugar donde Dios te cobija para que te sientas bien, eso es el Templo. Y la responsabilidad: te doy las llaves para que abras la puerta y seas el mayordomo de la Casa de Dios. Porque este templo material es la casa de piedra, es la casa de todos, donde todos nos sentimos seguros y que representa la Iglesia, que es al mismo tiempo padre y madre de todos y que es la casa de piedra donde nos sentimos seguros, donde tenemos nuestros cimientos en la fe, pero también tenemos nuestro cobijo en esa cueva de piedra firme y fuerte que nos ayuda en la intemperie y en las inseguridades. 

Por eso, hoy, le pidamos al Señor que nos permita tener esta fe que tuvo Simón Pedro, una fe firme, fuerte, que crezca en mí y que ojalá yo la pueda tener y pueda vivir con ella para ser casa de piedra en mi casa, en mi hogar, con mi familia, con mi gente y pueda cobijarlos en sus inseguridades, en sus temores, en sus problemas, en sus dificultades y pueda ser el cimiento firme para que no haya terremoto, para que no haya problemas, para que no haya algo que haga temblar a mi casa y si pasara eso, esté yo para mantenerla firme y equilibrada. Pero al mismo tiempo, le pidamos ahora en nuestra oración al Señor por nuestra Iglesia, la casa de todos, para que sea una Iglesia que acepte a todos y que nosotros, bautizados, que somos templo del Espíritu, piedras vivas (como dice Pedro en su primera carta, capítulo 2, versículo 5), seamos el cobijo, seamos el afecto de Dios para el hermano que sufre, seamos el cuidado para el desvalido, seamos el estar presente para aquel que no tiene en dónde apoyarse.

viernes, 15 de agosto de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Mateo 15: 21 - 28


21Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.22En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»23Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.»24Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»25Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»26El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»27«Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»28Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.
Mujer, qué grande es tu fe
Mujer, qué grande es tu fe

Meditación del Papa

La lectura del Evangelio comienza con los detalles sobre la región que Jesús iba a visitar: Tiro y Sidón, el noroeste de Galilea, tierra pagana. Y es aquí donde se encuentra con una mujer cananea, que se dirige a Él para pedirle que cure a su hija atormentada por un demonio. Ya en esta petición, se puede observar un inicio del camino de la fe, que en el diálogo con el divino Maestro crece y se refuerza. La mujer no tiene miedo de gritarle a Jesús "Piedad de mí", una expresión que aparece en los Salmos, lo llama "Señor" e "Hijo de David", manifestando así una firme esperanza de ser escuchada. ¿Cuál es la actitud del Señor frente al grito de dolor de una mujer pagana? Puede parecer desconcertante el silencio de Jesús, tanto que suscita la intervención de los discípulos, pero no se trata de poca sensibilidad al dolor de aquella mujer. San Agustín comenta sobre esto: "Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no para negarle la misericordia sino para hacer crecer el deseo". Benedicto XVI, 16 de agosto de 2011.

Reflexión

Cuántas angustias y necesidades experimentamos en la vida. El dolor nos visita, los problemas abundan, las tristezas nos sofocan. ¡Ten compasión de mí, Señor! Es el grito del alma a un Dios que siente lejano.

Sin duda, buscamos una respuesta inmediata. Y nos desalentamos si no llega. ¡Cuántas veces pedimos y, quizás, sin resultado! ¿Por qué Dios no nos escucha?

Nos desconcertamos, llegamos a dudar de Dios y hasta nos desesperamos. ¿No será que Dios nos pone a prueba? ¿Hasta cuánto resiste nuestra fe?

Espera un poco. Insiste. Dios permite esa angustia para purificar tu intención, para que sigas creyendo en Él aunque no te atienda a la primera. La mujer cananea del evangelio seguía a Jesús gritando. Los discípulos perdieron la paciencia y obligaron a Jesús a detenerse para atenderla. Nos sorprende la primera reacción deCristo. 
¿Acaso no se conmovió su Corazón, lleno de misericordia? Desde luego que sí. Pero prefirió esperar y ver hasta qué punto la mujer confiaba en Él. Como su fe era grande, Jesús le dijo finalmente: "que se cumpla lo que deseas".

Propósito
En las dificultades de este día, hacer un acto de fe y pedir con confianza la ayuda de Dios. 

Diálogo con Cristo 
Señor, sólo con la fe, la humildad, la confianza y la perseverancia en nuestra oración, a pesar de todas lasdificultades –como la mujer cananea– es como penetramos hasta el corazón de Dios y sólo así es como escuchas nuestras plegarias.