Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 1 Cor 9,16
martes, 4 de septiembre de 2012
lunes, 3 de septiembre de 2012
EL EVANGELIO SU PENSAMIENTO
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
domingo 02 Septiembre 2012
Evangelio según San Marcos 7,1-8.14-15.21-23.
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;
y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?".
El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
La Palabra de Dios en este domingo es muy clara: “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que hace impuro es aquello que sale del hombre”. Jesús en su caminar nos mostró frecuentemente esta realidad, basta con recordar, por ejemplo a la mujer adúltera, donde Jesús ejemplifica tremendamente que lo que le importa es el corazón del hombre, no su apariencia. En cambio, para los fariseos de la lectura de este domingo, lo único importante es “mostrarse limpios”, se quedan con la apariencia, con lo superficial, con la cáscara. Tienen el corazón manchado por sus intereses personales. Jesús, el hijo de Dios VIVO, está delante de ellos y no le abren su corazón, se fijan más en lo externo, se quedan con lo temporal, con aquello que tiene fecha de vencimiento. Jesús los llama ¡Hipócritas!, porque a Dios lo honran con los labios y mantienen su corazón alejado de Él. A Jesús no le importa el ritual de lavarse las manos, le importa el interior, el corazón de donde salen nuestras intenciones. ¡Qué bueno es saber que mira nuestro corazón! Mejor aún, que lo mira con amor paciente, porque lo conoce, porque sabe que nuestro corazón es humano y Él sabe de qué se trata, es mucho más humano que nosotros. El manzano del cuento embelezado por el brillo, deslumbrado por la inmensidad de las estrellas, sólo aspira a lo exterior, olvidándose de la hermosura de su interior, no se conocía, se minimizaba, aspiraba a la imagen, al brillo. De esta manera no podía descubrirse. ¡Cuántas veces nos pasa lo mismo!, nos importa más vernos y que nos vean brillantes, bellos, limpios, inmensos. Nos olvidamos de nuestro ser interior. Si nos convenciéramos de que en nuestro interior, en nuestro corazón está Jesús, está la inmensidad de su Amor, si nos convenciéramos de que nuestro corazón está hecho para amar, nuestra vida tendría otra dimensión. Si nos reconociéramos hijos, sólo nos importaría la mirada de nuestro Padre y no la mirada de los hombres. Nuestra vida sería abundante y no una vida de pequeñez, en la que cualquier cosita inquieta, hace tambalear, quita la alegría y hace olvidar lo valiosa y singular de nuestra vida para Dios. Por todo esto, los que leemos la Palabra, los que nos esforzamos en vivirla, hagamos como María, que concibió a Jesús primero en su fe y después en su vida. No nos desanimemos. Si somos constantes reinaremos con Él (ver 2 Tim 2, 12). No nos quedemos con lo externo, nos descubramos interiormente, para redimensionar toda nuestra Vida desde el Milagro del Amor del Padre, manifestado por el Hijo y hecho carne por el Espíritu Santo. Amén.
viernes, 31 de agosto de 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
EN EL DÍA DE SU CUMPLE RECORDAMOS A UN GRANDE: Earth Song Subtitulado en Español HD-HQ-Michael Jackson
DÓNDE ESTÉS, FELIZ CUMPLE!!!
martes, 28 de agosto de 2012
EL MANZANO QUE QUERÍA SER ESTRELLA
El
pequeño manzano contemplaba cada noche el majestuoso espectáculo estelar del
cautivante cielo. Su imaginación volaba a años luz. Y de día suspiraba en la
verde pradera. “¡Quién pudiera ser estrella!” Viendo a las aves ascender al
cielo, les preguntaba: -¿Dónde duermen de día las estrellas? Las aves se
sonreían. - No, pequeño manzano. Las estrellas están en el cielo día y noche,
pero la gran luz del sol no nos permite divisarlas. Pero ahí están, en el
infinito y gran cielo, siempre con luz. El pequeño manzano suspiraba en sus
adentros: “¡Yo quiero ser estrella!” Al viento que movía sus ramas preguntó:
-Dime: ¿las estrellas están fijas? ¿Es el cielo quien las mueve? -Las estrellas
se desplazan recorriendo todo el firmamento y a una velocidad de vértigo
–repuso el viento. El pequeño manzano, fijo con sus raíces en la tierra,
suspiraba con más anhelo: “¡Yo quiero ser estrella!” El tiempo pasó, y el
pequeño manzano creció. Sus raíces profundas, su tronco fornido, sus ramas
frondosas. Y dio frutos abundantes y sabrosos. Seguía soñando, dormido y
despierto: “¡Yo quiero ser estrella!” Un día de verano, contempló un
espectáculo que le cambió la vida. Una familia, en vacaciones, se refugió bajo
su copa buscando una apreciable sombra. En medio de la amena conversación, el
padre de familia agitó violentamente el tronco del manzano. -¡Llueve manzanas,
llueve manzanas! Risas generalizadas, y, en medio de juegos, todos saborearon
una manzana. -¡Hum, qué rica! – comentaban al unísono. El manzano observaba
aquella escena, tantas veces repetida en su historia personal. Pero vino la
novedad. -¿Y quieren, pequeños, que les regale una estrella? -Papá, papá, de
día no hay estrellas –quisieron corregir los más pequeños del grupo familiar.
-¡Que se lo han creído ustedes! Les voy a regalar ahora mismo una preciosa y
perfecta estrella. Se creó un clima de expectación en los chicos. El papá puso
cara de interesante. La mamá sonreía. -Y van a ver una estrella muy cerca de
ustedes. El manzano pensaba en sus adentros: “También los humanos sueñan como
yo queriendo ser estrella”. El papá simulando a un mago exclamó: -¡Atención,
por mi gran poder y magia, que ahora mismo, aquí, caiga una estrella! Entonces,
el papá agitó el tronco de nuestro manzano, y cayó una vistosa manzana. Agarró
un cuchillo y la cortó horizontalmente. -¡Vean, vean!
Al
manzano le picó el gusanillo de la curiosidad. -¡Es verdad, qué preciosa, es
una estrella! –exclamaron los pequeños. Al manzano se le removió toda su savia.
¡No lo podía creer! Tras el corte horizontal de una manzana, en su corazón,
siempre se forma la imagen de una espléndida estrella.
Respondemos:
1. ¿Cuál era el anhelo del manzano?
2. ¿Qué acontecimiento le cambió la vida? ¿Qué
descubrió?
3. El manzano, ¿se ocupó más de admirar la
“imagen”, lo “exterior” de las estrellas o, el descubrir su verdadero valor?
4. ¿En qué consisten nuestros anhelos? Y si los
hiciéramos realidad, ¿sabríamos qué hacer con ellos?
5. ¿De qué manera nos ocupamos de “descubrir y
avivar” nuestro ser interior?
6. ¿Qué cosas buenas y lindas veo en mi interior??
domingo, 26 de agosto de 2012
“SEÑOR, TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA”
domingo 26 Agosto 2012. Vigésimo primer Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : Santa Ages
Evangelio según San Juan 6,60-69.
Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?".
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza?
¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?".
Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Es duro este lenguaje.
La Palabra del Señor es como una espada de doble filo: corta por todos lados. La fuerza de su Espíritu nos obliga a elegir entre las obras de la carne, que San Pablo llama las del hombre viejo, y las del espíritu, es decir, las del hombre nuevo. Recibir el mensaje del Señor no es sólo escuchar, es también poner por obra lo que Él nos enseña.
Si habiendo visto los milagros que realizaba el Señor, si habiendo escuchado sus palabras que llevan al cumplimiento lo que anunciaron los profetas, estos discípulos no creen en Jesús y se dedican a murmurar, ¿cómo creerán en lo que falta venir? ¿Cómo aceptarán el milagro de la Resurrección de entre los muertos?
Muchas veces, nos predisponemos a rechazar lo que el Señor nos anuncia. Lo rechazamos porque lo dice fulano o mengano, que no son nadie para decirme algo a mí. Lo rechazamos porque no nos gusta lo que se nos propone: un cambio de mentalidad, una aceptación del poder de Dios, más poderoso que yo, más sabio que yo, más fuerte que yo.
El Espíritu da vida.
Nuestro Dios es un Dios de vivos. Nuestra condición de hijos de Dios nos permite vislumbrar una realidad superior a la que somos llamados, invitados. Sin menospreciar nuestra condición humana, antes bien, suponiéndola efectivamente, construyendo sobre ella.
Algunos de ustedes no creen.
A primera vista, parece que el Señor nos pide cosas imposibles o muy difíciles. ¿Quién podía imaginar que la locura del amor de Dios por nosotros lo iba a llevar a hacerse hombre, a hacerse uno de los nuestros? ¿Quién le aconsejó al Señor este proyecto o fue partícipe de sus secretos? Sin embargo, como muchos de nosotros, algunos seguían a Jesús "por si acaso", además era famoso, daba “status” pertenecer al grupo de los suyos. Pero cuando empezó a ponerse en claro las exigencias de su seguimiento, cuando comenzó a hablar cosas raras como eso de comerlo, cuando dijo que Él daba la vida eterna, la cosa ya había que pensarla. ¿Cómo seguir a este loco? ¿No fueron acaso sus parientes a buscarlo porque lo consideraban fuera de sí (Mc 3,21)? El seguimiento de Jesús no se explica sin un don de lo alto.
Nadie puede venir a Mí si el Padre no se lo concede.
El Padre es el que nos atrae, el que nos regala su Espíritu. Y este Espíritu obra en nosotros las obras de Dios. Y ese Espíritu es don para todos los hombres de buena voluntad. Pedir el Espíritu Santo, que el Padre no niega a nadie (Lc 11,13), es nuestra tarea cotidiana. Sólo la fuerza de Dios puede ayudarnos a andar el camino de salvación que Él quiere para cada uno de nosotros. Jesús nos muestra ese camino: su propia vida hecha oración y entrega. La Virgen María nos enseña con su vida que la fe permita a Dios obrar milagros y por eso la proclamamos dichosa por haber creído que se cumpliría en Ella lo que el Señor le anunció por medio del Ángel.
Nadie puede venir a Mí si el Padre no se lo concede.
La obra de Dios es el amor. Dios es misericordia y derrocha su amor entre nosotros con signos constantes de su presencia salvadora. Él nos pide que hagamos lo mismo. Él tiene la iniciativa. Nuestra vida es don de Dios y tarea nuestra. El Señor regala la atracción por el bien, la verdad, la justicia, la misericordia y pide que nosotros pongamos el esfuerzo de obrarlas. Él se puso primero a darnos el ejemplo, Él tomó la condición humana para mostrarnos que no era imposible. Ésta tarea requiere nuestra fe, la aceptación de la condescendencia de Dios para con nosotros, sus hijos amados hasta el extremo de que Jesús participara del dolor de la cruz para regalarnos la alegría de la Resurrección.
Muchos de sus discípulos dejaron de andar con Él.
Cuando centramos todas las expectativas de resolución de situaciones en nuestras propias capacidades, experimentamos la desilusión de descubrir que no somos todopoderosos. Y el Señor, que nos ama, nos hace andar por caminos humanos, como humana es toda nuestra existencia. Tenemos pretensiones de ser Dios, y olvidamos que Él se hizo hombre, como nosotros, para que, siguiendo su mismo camino, nosotros lleguemos a ser como Él. Si nos quedamos en la apariencia de las cosas y no ponemos en ellas una mirada de fe, perdemos la certeza de la presencia de Dios en nuestras vidas, su lenguaje, entonces, nos resulta duro y lo abandonamos.
¿También ustedes quieren irse? ¿Adónde vamos a ir?
La pregunta directa de Jesús obliga a una respuesta sincera. Todos se van... ¿¡Y nosotros!? Muchas veces, también para nosotros, es duro el lenguaje del Reino que no admite que nademos en dos aguas. En el Apocalipsis, el Señor, dirá: "fríos o calientes, tibios los vomitaré de mi boca" (Ap 3, 15). Pero más veces son las que descubrimos que la Palabra del Señor tiene un secreto misterioso de amor, tiene Vida.
Más son las veces en que los prodigios de su mano poderosa tocan con ternura nuestra vida doliente y la llenan de esperanza. Más son las veces en que aún en medio del dolor tenemos la certeza de que Él está acompañándonos, haciéndonos descubrir que nos ama a pesar de nuestros límites. Vayamos, pues, a Él. Quedémonos un rato largo en su Presencia. Dejemos su Palabra resonar en nuestro corazón herido por tantos desengaños. Guardemos, como María, el paso de Dios por nuestras vidas y meditémoslo en nuestro corazón, sabiendo que Él hace maravillas en nosotros.
sábado, 25 de agosto de 2012
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