Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 1 Cor 9,16
domingo, 31 de enero de 2021
sábado, 30 de enero de 2021
MI RELACIÓN PATERNA
Hoy, Señor Jesús, mi Hermano, quiero entregarte mi relación con mi Padre celestial, quiero contarte que me cuesta reconocer en El a mi Padre terrenal, la imagen paterna. Sé, que mi Padre celestial es mi padre creador, misericordioso, amoroso, el que todos quisiéramos tener, pero mi corazón no lo siente así. Sé que es el Dios Padre que me dió la vida, que me llama, me dice hija amada, la predilecta. Que es, Señor, el Dios Padre que espera amoroso, me espera y que lo único que quiere es abrazarme, darme lo mejor. Que se olvida de lo mal que lo trato . Sé, que viene a mi encuentro, y no me pide explicación alguna, solo me ama, que soy tu alegría, su gozo. se miras en mi aunque le haya fallado. Sí, Señor, se que eres eso y mucho más. Pero me cuesta vivir, sentir, descubrir la imagen de padre. Por eso, quiero abrir mi corazón a Tí y confesar que la falta de perdón hacia mi padre terrenal es lo que me impide tener una imagen de padre e incluso aceptarlo como tal. Dame la gracia de perdonarlo. Quiero en tú presencia perdonarlo, perdonarlo porque está ausente aún estando, por palabras hirientes, por su mala actitud, su mal accionar hacia mi. Quiero perdonarlo por los malos momentos que viví, que me hizo vivir en mi niñez, adolescencia, quiero desde mi corazón, decirle que lo perdono por esa preferencia que tiene con sus hijos, por ocultarme cosas que debía saber, por esos sentimientos malos que me hizo sentir, porque nunca me hizo sentir como su hija, por esa falta de afecto que nunca tube, por tanto dolor, llanto, bronca, sentimientos de muerte, abandono.
Hoy, Señor, quiero sanar esas heridas, esa relación de padre e hija, quiero experimentar el amor de padre. Quiero decir que tú eres mi Padre celestial y que tengo un padre terrenal.
Señor, te presento a mi padre terrenal, ese padre que tú me diste, el que me dió la vida, el que me dió aquello que tenía entre sus manos, bendícelo Señor, porque me dio el existir como tú.
Que pueda sanar mi interior, sanar mis heridas, esas que están guardadas por la relación con mi padre.
Te entrego esa carencia de amor, de mal trato, lo que siento hacia el , lo que no recibí de el. Hay inseguridad Señor, tómala, porque nunca sentí protección, que me protegían. ve sanado Señor esa afectividad herida, cúrame con tu amor de Padre.
Sana Señor los sufrimientos que ocasionan su ausencia, su mal trato, que tu sanación me llene de tu paz, padre mío. Toma mi dolor, ese que guarda mi corazón: dolor por los daños que me causaron, sana Señor mi piel , ésta seborrea, mi memoria que solo tiene momentos tristes, ve cicatrizando con tu ternura las heridas de mi alma. Ayúdame a comprenderlo, a comprender su vida, su historia, sus sufrimientos del alma.
En tú presencia lo perdono, dame la gracia del perdón para sanar mis heridas, mi historia, mi relación, mi vida y así poder descubrir, vivir, sentir, experimentar la imagen de padre y sentirlo como mi padre.
REFLEXIONES.
¿ Cómo es mi padre? ¿ Qué dolor produjo en mí ? ¿ Qué no puedo perdonarle ? ¿ Qué sé de su historia de vida? ¿ Qué tiene de bueno ?
miércoles, 27 de enero de 2021
ACEPTAR EL PASO DEL TIEMPO.
Señor, hoy en tu presencia, quiero pedirte, te pido, me des la gracia de aceptar que el tiempo pasa y que mi etapa de adolescencia, de mi infancia, de mi juventud ya pasó, que el pensar en cada momento de mi vida, momentos vividos, no produzca en mí un nudo en mi garganta. Que pueda decir que esas etapas no volverán, que ya fueron, que no haya en mi tristeza, que no me engañe a mi misma al mirarme en un espejo, diciendo o creyendo que estoy mejor.
Que acepte, Señor, el paso del tiempo, sabiendo y reconociendo que es inevitable.
Señor, líbrame de las penas, que descubra en mis hermanos en la fe, en mi familia, parientes, amigos, conocidos, seres queridos, también se les nota los años en su ser; que pueda mirarlos tal cual están, son, sin máscaras con tus ojos, tu mirar. y no pensar cuando yo gozaba mirándolos con sus rostros frescos y jóvenes.Que no olvide Señor, que cada edad tiene su belleza y su gran riqueza, que el paso del tiempo nos da fortaleza interior, sabiduría, experiencia, esa que no te da la juventud. también que no olvide que lo más importante es tener un corazón joven, un alma alegre, una belleza interior.
Qué pueda Señor recibir de tí esa belleza interior, que pueda dejar llenar mi corazón de tu alegría, de tu juventud para no ser desgastada por la nostalgia.
Quiero descubrir en tu presencia, lo bueno que tiene mi edad, mi etapa, no permitas que me deje llevar por la tv, las publicaciones que me hacen creer que el tiempo no pasa, haciéndome esclava de sus productos.
Te entrego, Señor, el tiempo que pasa, y dame tú fortaleza para que todo mi ser sea fortalecido con tu vida. Lléname, Señor, con tu vida. tú que eres la vida, el camino la verdad.
Te pido, sanes con tu amor, esa nostalgia que me invade por los años pasados, Tú, que eres el Maestro, enséñame a ver las cosas buenas que me dejó el paso de los años y así pueda gozarme en cada nuevo desafío, nuevas oportunidades que me regala la vida.
REFLEXIONEMOS:
¿ Acepto el paso del tiempo? al verme frente a un espejo, ¿ Qué veo? ¿ Qué siento al ver fotos viejas? ¿ Qué sentimiento ( pena) produce en mí el paso del tiempo ? ¿ Cómo veo a los demás tras el paso del tiempo? ¿ Qué riqueza, belleza descubro en cada edad? ¿ Descubrí qué puede darnos el paso del tiempo, de los años? para mi, ¿ Qué es lo más importante? ¿ Descubrí lo bueno que tiene la edad que tengo?
¿ Qué produce en mí nostalgia? ¿ Soy adicta / o, me dejo llevar por lo que ofrece la tv, las publicidades, que me hacen creer que el tiempo no pasa? ¿ Qué le entregas, le pides al Señor? ¿ Pienso en las cosas buenas qué me dejó los años? ¿ Miro con gozo los nuevos desafíos, las nuevas oportunidades que me ofrece la vida?
lunes, 25 de enero de 2021
DESCANSAR EN EL AMOR.
Hoy, Señor, quiero reconocer que soy obra tuya, que tú, desde siempre, me imaginaste tal cual soy, sin máscara tal cuál, que amas cada detalle de mi ser, que me miras con ternura, miras con ternura todo mi ser, ya que soy tú obra, obra de tú amor. Te pido que me llenes de ternura, y que esa ternura recorra todo mi ser, sin dejar ningún lado sin recorrer. Sé que tú contemplas con amor, te detienes a contemplar amorosamente cada detalle de tú creación, de tú creatura.
Dame la gracia de aceptar y reconocer que te agrada todo de mi, hasta mis defectos, mi voz, mi forma de ser, de moverme, todo lo que soy. Que puede decirte que eres el artista más perfecto, más creativo, que ama las obras de sus manos, y que esa obra soy yo.
Señor, permíteme sentirme segura, felíz en mi caminar y con el estilo que has elegido para mí. Quiero sentirme valiosa porque soy única e irrepetible, que fui pensada por tí Señor. Que pueda decir desde mi corazón, que eres mi roca, mi fuerza, mi baluarte, mi vida, mi amor.
Dame la gracia, hoy, quiero Señor, sentir que soy importante en éste universo, que me creaste porque hacía falta, aquí, dónde estoy, que embellezco la tierra, el lugar, que debo cumplir una misión que solo tú conoces bien. Que me crease para amarse así, como soy, como me siento, con lo que hago, para sentirme libre y felíz al dejarme amarme por Tí.
Señor, Tú conoces y ves mi historia, mi hoy, lo que vendrá, por eso te pido: quiero dejarme mirar con tus ojos con mirada de amor, quiero reconocer tú mirada de ternura.
Señor, sabes que mi madre me abandonó y déjame creer que tú no te olvidas de mí como ella, porque a veces, siento que no valgo nada, que no sirvo, que soy nula e indigna de tú amor. Sé que tú no mientes al decirme que soy valiosa para tí, que lo que te atrae de mi es mi corazón mucho más que mi ser, que te seduce mi intimidad llena de pecados, oscura, sucia porque puedes obrar en ella. Por eso te pido, que llenes de tu luz, de tu calor , de tu vida mi vida. Sé, que hoy en mí está la capacidad pequeña, por mi historia, de afecto, de amor por tí porque me lo regalaste. pero sé que tú puedes hacer que sea grande, ayúdame Señor.
Te pido, me bendigas, haciendo resplandecer en mí tú amor, que tu fuego divino me queme para descansar en tú amor, en el amor.
Quiero en éste momento extasiarme con tu amor, dejarte entrar en mí. porque tu amor vale más que la vida.
Que puedas, Señor, derribar en mi, los muros de la indiferencia que hay, para así, sentir el gozo de dar amor, el gozo que solo tu amor me puede dar . ayúdame con tu presencia, con tu amor a recuperar todo lo que perdí alejándome de ti.
Bendice Señor todo mi ser con tu abrazo cariñoso, para poder descansar en el amor.
REFLEXIONEMOS: luego de responder, entrega a modo de oración las respuestas que escribiste.
¿ Me dejo mirar con sus ojos de amor? ¿ Reconozco su mirada de ternura y qué él no se olvida de mí? ¿ Cuándo sentí que se olvido de mí ? ¿ Sentí que no valgo, no sirvo, no soy valiosa, preciosa, digna, nula de amor? ¿ Qué le seduce al Señor de mí? ¿ Mi corazón e interior cómo está? ¿ De qué debe llenar, el Señor, en mí?. Luz, calor, vida, ¿ que resplandece en mí y me atrae del Señor? ¿ A qué soy indiferente? ¿ Qué perdí alejándome del Señor? ¿ Siento que hago falta, embellezco el lugar dónde estoy?, ¿ Descubrí mi misión ? ¿ Sé, Reconozco que el Señor me creó para amarme? ¿ Sentí felicidad, libertad al alejarme de El? ¿ Siento que soy obra del Señor? ¿ Qué no me agrada de mí? ¿ Me siento valiosa, única, irrepetible, importante? ¿ me siento pensada por Él? ¿ Me acepto tal cuál soy ? ¿ Estoy segura, feliz con el estilo que el Señor eligió para mí?
domingo, 24 de enero de 2021
El beso de Jesús, la historia de un párroco bendecido con un pequeño monaguillo
El protagonista de esta historia es un pequeño monaguillo que nos recuerda la importancia del encuentro diario con Cristo.
Cuando pasaron 6 meses luego de
que Don José Rodrigo López Cepeda fuera ordenado sacerdote,
su obispo lo envió a dirigir la parroquia del santuario de Santa Orosia,
ubicada en los montes de Yebra de Basa del Pirineo aragonés (España). Don José
sustituía a un sacerdote que llevaba allí más de 30 años como párroco.
Al principio la experiencia con esa comunidad fue
algo dura porque la gente del lugar estaba acostumbrada a su antiguo párroco.
Según cuenta el padre López Cepeda, “la tarea aunque fue ardua, fue fecunda y
no habría tenido luego tanta fecundidad sin la ayuda de un pequeño llamado
Gabriel”.
El pequeño Gabriel
Lo
que ocurrió fue que a la segunda semana de llegar a aquel lugar, vino a su
encuentro un matrimonio joven con su pequeño hijo. Tenía 8 años y padecía de
una enfermedad degenerativa en los huesos, con problemas psicomotores
evidentes.
Sus
padres solicitaron al nuevo párroco que lo aceptara como monaguillo.
En un principio, el sacerdote pensó en rechazarlo, no por ser un niño
“especial”, sino por todas las dificultades con las que iniciaba su ministerio
en aquel lugar.
Sin
embargo, el sacerdote no pudo negarse a esta petición porque al
preguntarle al pequeño si quería ser su monaguillo, Gabriel no le respondió, se
abrazó a su cintura lo que hizo que el párroco no pudiera resistirse. Pensó:
“¡Menuda forma de convencerme!”.
Primera Misa con Gabriel
Así
fue cómo le citó para el siguiente domingo quince minutos antes de la
Eucaristía. Puntualmente allí se presentó Gabriel vestido con su pequeña sotana
roja y el roquete que su abuela le había bordado para la ocasión.
“Su
presencia me trajo más feligreses, pues sus familiares querían verlo estrenarse
en su papel de monaguillo. Yo tenía que preparar todo lo necesario para la
Eucaristía, no tenía sacristán ni campanero así que corría de un lado a otro y
no fue sino hasta antes de iniciar la Misa que me percaté de que Gabriel nada
sabía de cómo ayudar. Por la premura del tiempo, se me ocurrió decirle: Gabriel
tienes que hacer todo lo que yo haga, ¿vale?”
Gabriel
era un niño muy obediente, por lo que al iniciar la celebración y al besar el
altar el pequeño se quedó prendado de él. Pronto el sacerdote comenzó a notar
que durante la homilía los feligreses sonreían al mirarlo, lo que alegró el
joven corazón del sacerdote, pero luego se dio cuenta que en realidad no lo
miraban a él, sino a Gabriel que le seguía tratando de imitar en todos sus movimientos.
El beso
El
padre cuenta que al terminar la Misa, le indicó qué era lo que tenía que hacer
y qué no. Entre otras cosas le dijo que el altar solo podía besarlo él porque,
con ese gesto, el sacerdote se une a Cristo. Gabriel lo miraba con sus grandes
ojos interrogantes como si no llegara a entender por completo la explicación.
Pero,
en ese momento y sin callarse lo que pensaba, el pequeño le dijo: “Anda,
yo también quiero besarlo…” El sacerdote le volvió a explicar por qué
no podía hacerlo y al final le dijo que solo él lo haría por los dos, algo que
pareció dejar conforme al niño.
Él me besó a mí»
Al
siguiente domingo al iniciar la celebración, el sacerdote besó el altar y notó
que Gabriel ponía su mejilla en él. El niño no se despegaba del altar mientras
mostraba una gran sonrisa en su pequeño rostro.
En
ese momento el sacerdote le pidió que dejara de hacer aquello, y al terminar la
Misa se encargó de recordarle lo indicado el domingo anterior: “Gabriel te dije
que yo lo besaría por los dos”. Y él le respondió: “Yo no lo besé, él
me beso a mí…”
El
párroco, ya serio, le dijo: “Gabriel no juegues conmigo” pero el pequeño le
respondió: “De verdad, me llenó de besos”.
La
forma en que lo dijo le hizo sentir una santa envidia y al cerrar el templo y
despedir a sus feligreses, el joven sacerdote se acercó al altar para poner su
mejilla en él pidiéndole: “Señor, bésame como a Gabriel”.
Dejarse amar primero por Jesús
En su cuenta de Facebook el padre comparte esta historia de
agradecimiento con el pequeño que le enseñó la importancia de dejarse amar
primero por Jesús y a mantenerse unido y fiel a ese amor en los momentos
difíciles.
Don José Rodrigo López Cepeda nos recuerda que el
verdadero protagonista es Él.
“Aquel Niño me
recordó que la obra no era mía y que ganar el corazón de aquel pueblo solo
podía ser desde esa dulce intimidad con el Único Sacerdote que es Cristo. Desde
entonces mi beso al altar es doble pues siempre después de besarlo pongo mi
mejilla para recibir su beso”. “Acercar a otros al misterio de la Salvación nos
llama a vivir a diario nuestro propio encuentro, y al igual que yo con mi
querido monaguillo y maestro Gabriel, aprendí que antes de besar el altar de
Cristo, tengo que ser besado por Él”.
Gabriel
hoy tiene 25 años y vive en Yebra de Basa en el Pirineo. El padre López Cepeda
reside ahora en México y desde 2010 no ha vuelto por España, pero la última vez
que ha ido ha saludado a su amigo siendo ya un adolescente. A pesar de la
distancia, mantienen el recuerdo de esta bonita historia en la que Cristo ha
sido y siempre será el principal protagonista.
UNA HISTORIA QUE INSPIRA.



