domingo, 10 de febrero de 2013

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

domingo 10 Febrero 2013

Quinto Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : Santa Escolástica

Evangelio según San Lucas 5,1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. 
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. 
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. 
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". 
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". 
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. 
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. 
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". 
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; 
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". 
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

“PESCADOS: ¡A LA PECERA!”

“Revalorizar la llamada que el Señor nos hace a ser sus colaboradores; para que, con nuestro humilde servicio, ayudemos a que los hombres se salven”


Jesús predica al pueblo.
El evangelio de hoy es un hermoso relato de conversión y seguimiento. Todo comienza con una  predicación. Imaginemos: un gran predicador, que al mismo tiempo hace grandes milagros, rodeado de una gran cantidad de gente... Conclusión: amontonamientos, apretujamientos, incomodidad, sobre todo para el predicador que necesita apartarse un poco de esa “multitud” para que su objetivo, el de predicar la Palabra de Dios, se cumpla. Cada cual de los que estaría allí, debe de haber llevado su propia carga, su propia necesidad, su propia carencia. No es difícil de imaginarse que en medio del apretujamiento todos buscaran tocar o ser tocados por el milagroso rabino: Jesús de Nazaret. Pero el predicador sabe muy bien que si no enseña la fe se convierte en superstición, los ritos sagrados caen en el precipicio de la magia y las multitudes necesitadas se convierten en apretujamientos caóticos. Necesita un poco de distancia para que nadie lo toque y pueda seguir con su enseñanza que lleva a la verdadera fe y posibilita la sanación, no de algunos afortunados, sino de todos los que se crucen con Él. El v. 2 nos dice: Desde allí vio dos barcas junto a  la orilla del lago, y en el 3: Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartase un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Hasta aquí parece que todo se orienta a la multitud, y que el tal Simón, es sólo alguien que casualmente se encuentra allí. En el reino de Dios nunca, nunca, existen las casualidades. Dios no da puntada sin hilo.
Jesús, el súper pescador.
Navega mar adentro, y echen las redes”. Nos escribe Lucas en el v. 4, como palabras de Jesús. Ya la predicación había terminado, ya la multitud había desaparecido, la tranquilidad había vuelto, tal vez, sólo por ahora. Las órdenes del Señor a veces son insólitas, inclusive van en contra de la razón humana. Las palabras de Simón Pedro: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada”, así lo expresan. En nuestro corazón también tenemos acumuladas miles de razones para darle a Dios, cuando no entendemos por qué las cosas suceden de manera tan “irracional”. Nuestros por qué a mí, yo hago todo bien y todo me sale mal, Dios no se acuerda de mí, son un ejemplo de esa batería de respuestas disconformes ante una realidad que parece adversa. En eso somos iguales a Simón, aunque no tan iguales...
La gran diferencia de Simón con nosotros  no está en que él vea claramente la intención de Jesús. No, él no entiende nada. La diferencia está en las palabras que siguen: “Pero si tú lo dices, echaré las redes”. El hombre y la mujer de fe son como cualquier hombre y mujer común. Muchas veces no entienden lo que Dios quiere de ellos y para ellos. Su seguridad no está en entender, en comprender, los caminos del Señor. Su seguridad no es la sabiduría, es la fe. Esas palabritas tan sencillas y tan humildes, pero tan cargadas de sentido que dice Simón son las que valen para todos nosotros. Y lo más hermoso de todo es que cualquier persona, en cualquier momento, puede decir al igual que Simón, hace casi dos mil años: “Pero si tú lo dices”.
La verdad sea dicha, no creemos en Dios porque entendemos lo que Él hace, creemos en Dios y le creemos a Dios, porque Él lo dice. Qué hermoso para la persona de fe poder decir: No te entiendo, Señor, pero, si tú lo dices, haré la tarea. Qué fe potente la de aquel que con convicción repite las palabras de Simón aunque no entienda ni un ápice de lo que Dios intenta hacer con ello. Es que en los momentos en donde todo razonamiento termina, toda capacidad es impotente, lo “humanamente posible” ya se ha realizado..., la fe viene a llenar el espacio vacío que la razón, o cualquier virtud humana, ni siquiera puede, inflándose lo más posible, ocupar.
Jesús pescó un pescador.
La historia ya sabemos cómo termina. Entre temores y confesión pública de pecados, Jesús llama a Simón a hacer su tarea. En esto también Dios sorprende a nuestra inteligencia. Lo inaudito no es tan sólo que Jesús ya sabía que este hombre era muy débil y que lo iba a traicionar, sino que su propio nombre significa “Dios ha escuchado”. El nombre de este buen hombre es Simón, es la respuesta de Dios a su pueblo, es el acuse de recibo de Dios a las plegarias de los elegidos. Por eso Jesús vocaciona a Simón, Dios ha escuchado, como pescador de hombres.
Muchos se preguntan por qué Dios eligió pescadores. Convengamos que, como “material humano”, otros estaban más capacitados para predicar la Palabra (¿tal vez Nicodemo?). Algunos responden que el pescador no tiene senderos que seguir, caminos ya hechos, el mar no tiene rutas, no tiene señales, se puede andar libremente por él. El pescador es un hombre acostumbrado a los cambios, y puede fácilmente dejar sus convicciones de lado cuando el Señor lo toca. La docilidad y la apertura parecieran ser moneda corriente para él. Otros prefieren pensar que el mar, simbólicamente es el lugar donde están las potencias contrarias a Dios (recordemos la piara de cerdos que endemoniada se arroja al mar en Mc 5,13; o también cómo del mar surge ese gran monstruo de siete cabezas y diez cuernos en Ap 13, 1, que puede simbolizar cualquier potencia humana que se levante contra Dios), es el lugar de donde hay que rescatar a los peces-hombres que necesitan salvación. Simón es pescador de hombres elegido por Dios para esa misión en docilidad y apertura para rescatar a los hombres de todo aquello que se opone a Dios. Viéndolo así el nombre de Simón suena bastante dulce a nuestros oídos, en Jesús, en Simón y en todos los demás, Dios ha escuchado.

viernes, 8 de febrero de 2013

jueves, 7 de febrero de 2013

Miradas de Jesús: mi vida a la luz de sus ojos

En la Palabra, podemos descubrir muchas miradas de Jesús. Y es bello ponernos bajo sus ojos, ya que nos muestra como los miraba Jesús. Y podemos ponernos en lugar de ellos y dejar que EL nos mire como los miraba a ellos.
La mirada de Jesús nos hace sentir aceptados, acariciados o exhortados y esa mirada les cambia la vida y nada es lo mismo. Que la Palabra nos motive a reconocer los ojos del amado y que nos permita, les permita contemplar tu vida, nuestra vida y la bendiga. Y dice la Palabra en…

EVANGELIO: Juan 1, 42

“Jesús fijó su mirada en él y le dijo: “tú eres Simón, el hijo de Juan. Tú te llamarás Cefas, que significa Pedro”.

Esa fue la primera mirada de Jesús hacia Pedro, y vemos que Pedro conoce a Jesús por su hermano Andrés; quien lleno de la alegría de haberse encontrado a Jesús corre a buscarlo y se lo presenta y fue así que Pedro se encuentra con sus ojos. Aunque estamos seguros de que Jesús ya lo tenia “fichado” como quien dice. Ya lo había visto, pensado… y así Pedro tubo su primer encuentro, experimento por primera vez la mirada del Maestro, del Señor y le dijo quien era en realidad, para que estaba en este mundo….

QUIZAS, nosotros cómo Pedro tuvimos un Andrés que no presento a Jesús, por el lo conocimos, hasta me habló de EL y puede que hasta le presento mi vida, tú vida. Lo que debemos saber es que aunque no lo conocía, no dejaba que me mirara El no dejaba de contemplarme con su mirada y esperaba. Por eso todo me habla de El, muchas cosa me hablan de EL. Y cómo Pedro, me encontré con su mirada, con EL y nos dijo, te dijo quien eres, quien soy para ti, cuál es mi verdad y para que estoy….

Aquí tengo la letra de una canción que creo todos la conocemos. Vamos a meditarla…

Hay miradas que sin dudas Dicen más que mil palabras
Y que al verlas todas juntas Son como espejos del alma
Hay miradas que cuando miran Son hirientes y lastiman
En cambio hay otras tan serenas Que consuelan y acarician
Hay miradas insistentes, misteriosas, recurrentes
Y las hay indiferentes, como las de tanta gente
Hay miradas que ocultan verdades, Que mucho dañan
Y las hay que en la diaria lucha Fortalecen y acompañan
Hay miradas que perdidas entre miles de miradas
Andan solas por la vida En busca de otras miradas
Y hay miradas que cautivan Por lo bellas y profundas
Como tu mirada azul, Que me atrapa día a día
Hay miradas que por tristes Enlutan a quien las viste
Y hay esas miradas dulces Que ennobleces a quien las luce
Hay miradas que derriten Hasta el corazón más duro
E iluminan suavemente El pensamiento más oscuro
Hay miradas Que perdidas entre miles de miradas
Andan solas por la vida En busca de otras miradas
Y hay miradas que cautivan Por lo bellas y profundas
Como tu mirada azul Que me atrapa día a día.

Pidamos al Señor que nos mire de nuevo a los ojos, porque muchas veces volvemos a confundir nuestras miradas, a veces creemos saber quien soy y que tengo que hacer con mi vida, nos escapamos de sus proyectos y volvemos a nuestros propios caminos, escapamos de la realidad que EL conoce y nos destruyó ya que presentamos otra imagen y nos preocupamos por ser bien visto, por ser aprobados , queremos agradar, pero todo eso nos lleva a no saber quien soy en realidad y se nos olvida nuestra propia vida.
Dejemos que EL nos diga quien soy, porque es el único que nos conoce y percibe todo nuestro ser. Solo El sabe porque y para que tengo éste temperamento, tengo este rostro, mi forma de pensar y de actuar. Dice la Palabra: “solo tú conoces lo que hay en el corazón del hombre” ( Jn 2,25), porque los demás miran las apariencias, tú el corazón ( 1 de Sam 16,7).
Dejemos que el nos mire como miró a Pedro en aquel primer encuentro; que nos enseñe a descubrirnos a nosotros mismos como tú me miras.
Que la gracias del Señor, nos de la gracia de llegar a ser lo que EL sabe que debemos ser.

miércoles, 6 de febrero de 2013

MOMENTOS QUE SE VIVIÓ EN EL RETIRO

 
 


 
                    






martes, 5 de febrero de 2013

"DESDE LOS OJOS DE CRISTO" Jesús lo miró y lo amó (con ojos para mirar)

         


El joven, ¿Cómo definir a los jóvenes de hoy? Esta es una pregunta interesante, que nos permite hacer un perfil de nuestros muchachos: Son conductores de “la super autopista de la comunicación: Internet”. Son expertos de las nuevas tecnologías. La verdad es que nuestros jóvenes tienen la energía, capacidad y velocidad mental para hacer muchas cosas sin arrugarse la ropa. También vemos en ellos una interesante responsabilidad social. El peligro que veo en esta generación es que tiene un riesgoso afán de buscar la aprobación del grupo, ganarse la admiración, respeto y aceptación de sus más cercanos amigos, aunque con ello contradigan a sus padres. 

¿Cómo despertar en ellos el interés hacia las verdades eternas? ¿Cómo mostramos el camino al Señor? En el evangelio según Marcos, vemos a Jesús tratando con un joven de su tiempo, de la cual, con la ayuda de Dios, extraeremos aplicaciones validas para hablar con nuestros adolescentes y jóvenes de hoy. 

CITA: Jesús encuentra a un joven (Mc 10, 17-22). 

«Cuando salía Jesús al camino, —cuenta el Evangelio de San Marcos— se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno mas que Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo—, y luego sígueme”. Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico» (Mc 10, 17-22)

Jesús tiene palabras de alerta. 

Esta narración expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia sus ilusiones, sus esperanzas, y pone de manifiesto su gran deseo de encontrarse personalmente y de dialogar con cada uno. De hecho, Cristo interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando una total disponibilidad hacia aquel joven que, movido por un ardiente deseo de hablar con el «Maestro bueno», quiere aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería invitar a cada uno de vosotros a «desarrollar el propio coloquio con Cristo, un coloquio que es de importancia fundamental y esencial para un joven, para los jóvenes."Pero él al oír estas palabras se fue triste". Cómo se decepcionó al oír las palabras de Cristo: no era lo que esperaba. Poseyendo una gran fortuna, no quiere sacrificarla. Entre la riqueza y Jesús, escoge la riqueza. Rechaza la invitación de seguir al Maestro. 

"Se fue entristecido". Se le vio dar la espalda a Jesús y se fue hacia sus bienes. La opción que hizo no lo hace feliz. Está triste porque Dios es la única fuente de felicidad: el que se aleja del Señor para gozar de los bienes de este mundo, sólo cosecha la tristeza. 

El joven rechazó la más grande de las gracias que le era ofrecida. Permanece como ejemplo del No dicho a la vocación, el No que se opone a la mirada de amor de Cristo. 

No cometió pecado al decir No, sin embargo, por su cobardía, perdió el don tan precioso que se le ofrecía, y perdió la oportunidad de una vida mucho más noble: la participación al gran sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres. ERA DEMASIADO RICO 

Este joven, como toda la humanidad, necesitaba ser confrontado con la Palabra de Dios. Nuestros jóvenes preguntan muchas veces para mostrar lo que saben, para fijar sus ideas, porque ya tienen su propia respuesta, que consideran correcta. Piden consejos, aunque ya ellos tienen decidido lo que van a ser, buscan ser aprobados por los adultos, algunas veces motivados por la aprobación que ya le dieron sus “amigos”, tan inexpertos como ellos. El joven de este caso quiso mostrar que él ya había hecho todo, que no necesitaba la ayuda de nadie, que era merecedor del cielo. 

El propósito de Cristo era mostrar el enfoque correcto: Nuestra mirada no debe estar en una computadora, un celular, ropa o zapatos de moda, ni en caprichos. Nuestra mirada debe estar en los valores, en los principios, en las riquezas eternas, en el costo de la salvación: La cruz, en ella Dios refleja su amor, en la obra de lo que Jesús hizo y hace por nosotros, no en la nuestra. 

Jesús muestra a los jóvenes el camino de vida 

Los ojos de amor del Señor ahora miran al resto de los que habían presenciado este diálogo. No solo a sus discípulos, su mirada está puesta en toda la humanidad y pronuncia una sentencia 

El amor por las cosas materiales, si bien es cierto que había tomado posesión del corazón del joven, también causa destrozos en la vida de los adultos, en ese y en todo los tiempos. 

¿Qué está diciendo Jesús a ellos y a nosotros? Nadie puede entrar al cielo si su amor, su adoración y sus deseos están centrados en las posesiones materiales. Es cierto que con el dinero podemos comprar muchas cosas, como dice el comercial de una tarjeta de crédito, pero la riqueza, la prosperidad, jamás puede comprar el derecho a ser salvo, a tener la vida eterna. 

Lo mejor que podemos hacer por nuestros jóvenes y por nosotros mismos, es escuchar y creer que Cristo es camino de vida y su sangre nos limpia de todo pecado. Prediquemos la Palabra de Dios a ellos y confiemos que el Espíritu Santo haga el trabajo de darles la fe para que su mirada esté centrada en el lugar correcto, donde está Cristo, autor y consumador de la fe. 

La mirada de amor de Cristo también es para todos los tiempos y personas, y Jesús que nos ama quiere darnos el perdón y la salvación, pero también una vida nueva y darnos la herencia de la vida eterna. El camino y la mirada es Cristo, quien también es la verdad y la vida. 

Por Cristo somos salvos, por gracia y amor, este es el más hermoso mensaje que escuchamos de Dios. El Señor es vencedor de los imposibles, el Señor declara para nosotros la victoria. 

En la narración evangélica, San Marcos subraya como «Jesús se le quedó mirando con cariño» (Mc 10,21). La mirada del Señor es el centro de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho lo más importante del cristianismo no es una moral, sino la experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, seamos jóvenes o ancianos, pobres o ricos; que nos ama incluso cuando le volvemos la espalda

Comentando esta escena, el Papa Juan Pablo II añadía, dirigiéndose a los jóvenes: «¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!» (Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, que se manifiesta en la Cruz de una manera tan plena y total, que san Pablo llegó a escribir con asombro: «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20). «La conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre, —sigue escribiendo el Papa Juan Pablo II—, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana» (Carta a los jóvenes, n. 7), y nos hace superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, la falta de confianza. 

En esta mirada de amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si realmente hemos encontrado a Jesús, ¡no podemos renunciar a dar testimonio de él ante quienes todavía no se han cruzado con su mirada! 

Aquí tengo un cofre, y que ponemos en cofre ?..... Y nosotros nos miramos en lo que ponemos, en lo que hay en nuestro cofre. Piensen en dónde está puesta su mirada, que miran, a dónde miran, cuál es su mirada, cómo miran…. (Un ojo con espacio en blanco para que escriban) pónganlo en ese cofre. Si yo pongo mi mirada en las cosas del mundo, en el trabajo, en la familia sin la mirada de Dios, si en mi corazón prioriza otras miradas y no la de Dios difícilmente voy a vivir para mi, para EL, y menos para los demás. Si ponemos nuestra mirada en EL vamos a confiar, EL se ocupara de nuestras cosas, seremos bendecidos…dejamos de mirar y pensar como lo hace el hombre, lo hace el mundo y vamos a pensar y mirar como Dios… 

EL, nos invita a compartir su mirada, a tener su mirada, a descubrir mi mirada, por eso debemos preguntarnos: ¿cuáles son las áreas de mi vida que no miran como Dios, que no tienen su mirada? ¿Que tipo de mirada prioriza en mi? Si solamente miro o también veo…. Pues, es el momento de entregárselo para así tener la suya y al fin mirar como EL….

lunes, 4 de febrero de 2013

"DESDE LOS OJOS DE CRISTO" ¿Cómo es nuestra mirada? (con ojos para mirar)

La vista es uno de los sentidos que tenemos como seres vivos y también como seres humanos. Gracias a los ojos podemos ver y podemos mirar. Pero la mirada es mucho más que un acto biológico, porque dice mucho de nuestra forma de ser y de nuestra manera de pasar por la vida.
     Hoy hablaremos de miradas, y ya desde el principio vamos a fijarnos en las veces que utilizamos el verbo mirar: mira ése lo que hace, mirad cómo se hace esto, ¡mira lo que he encontrado!,… Y cuenta la Palabra: 
TEXTO- CITA: Mt 20, 29-34: Los dos ciegos.
Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba,  clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
 Imaginemos  la siguiente dinámica: salen 5, 6, 7 personas de la sala (cuando más grande es el grupo más personas pueden salir). Las que quedan dentro observan una imagen. A continuación se tapa la imagen y se hace entrar a uno de los que están fuera. Se pide a una persona de la sala que le describa la imagen con todo detalle (puede mirar la imagen mientras la describe, el resto de personas que irán entrando ya no la podrán mirar). Ésta, a su vez, se lo explicará al siguiente que hagamos entrar, y así sucesivamente, de manera que es una explicación en cadena en la que se pierden muchos detalles porque entre unos y otros se van alterando.
Vamos cayendo en cuenta de que continuamente estamos usando la mirada, a veces sólo para ver, otras para mirar con más profundidad, pero siempre expresando algo de nosotros mismos a través de las miradas.
Las miradas dicen más que mil palabras. Son el espejo más certero de la esencia del ser, del interior, de esa magia que se dibuja en infinitas definiciones pero nunca logra ser capturada.
Miradas pícaras, sonrisa del alma, como las de un niño haciendo travesuras.
Miradas que reflejan un ser muerto en vida como una persona que perdió la esperanza.
Mirada cómplice como la de los enamorados que mantienen un diálogo sin intercambiar palabras.
Mirada pensativa y solitaria como la de una persona tratando de visualizar su futuro por un segundo o analizando una toma de decisiones que evidentemente puede cambiar su vida.
Miradas que invitan a conocer un poco más a esa persona sentada o parada en la otra esquina de la sala y que con sus ojos hace ineludible su presencia.
Miradas que sonrojan si uno es capaz de adivinar alguno de los pensamientos que por la pupila escapan.
Miradas frías y cortantes que imponen límites, un freno a la inspiración de hacer algo.
Miradas analíticas y calculadoras de aquellos que parecen querer sacar una radiografía, antecedentes, la hoja de vida con tan sólo clavar la vista en su víctima.
Miradas insistentes que buscan incomodar, hacer vulnerable a la persona que la mira.
Miradas profundas y apasionadas que se enlazan en un juego y pasan los minutos, la gente, los acontecimientos y ellas no se dan por enteradas.
Mirada triste que expresa el dolor y abatimiento de un alma herida.
Miradas débiles de personalidades endebles y miradas penetrantes de personalidades con carácter.
Miradas huidizas al encuentro con otra mirada.
Miradas que buscan el constante encuentro con otros ojos que expresen sentimientos, pedacitos del ser, rinconcitos del alma.
¡Y cuánto más puede reflejar una mirada! cuánto dice de un individuo, de un estado de ánimo, de un sentimiento expresado... Pero que relegada se encuentra en un mundo donde las vías de comunicación privilegiadas son las que no involucran el contacto físico ni el encuentro en persona ni el intercambio con todos los sentidos comprometidos.
 ACERCÁNDONOS A LA MIRADA DE JESÚS
Llegados a este punto, haremos imaginariamente una dinámica más para la que vamos a necesitar lupas (aunque no haya para todos, ya irá pasando de unos a otros).
Les pedimos que agarren  varios objetos suyos y que los observen detenidamente con la lupa. Se trata de que descubran cosas que sin la lupa no se habían dado cuenta de que estaban. Hacemos una breve puesta en común sobre esto, y a continuación les hacemos la siguiente pregunta: Una persona cuya mirada se parece a la de una lupa, ¿cómo la podríamos definir? (Atenta a los detalles, profunda, ve más allá de lo que se percibe a simple vista,…)
Ahora yo tengo que preguntarme: ¿cómo es mi mirada? Dejamos un espacio para que a nivel personal escriban su respuesta en una hoja que tiene la imagen de un ojo.
(Ejemplos de miradas: superficial, profunda, vital, crítica, verdadera, íntima, liberadora, bondadosa,…). A continuación se les entrega la hoja que va en el anexo.
Nuestra mirada, quiere parecerse a la de Jesús de Nazaret: profunda, capaz de captar el interior de cada uno, de cada corazón. Jesús MIRA para entablar una relación, para compartir la vida, para ayudar. Mira y ofrece su amistad.
Cuenta un relato que..........
El color del mundo
 Un anciano descansaba sentado en un viejo banco, a la sombra de un árbol, cuando fue abordado por el conductor de un automóvil, que estacionó a su lado:
- ¡Buenos días!
- ¡Buen día! Respondió el anciano
- ¿El señor vive aquí?
- Si...., hace muchos años...
- Vengo de mudanza y me gustaría saber, cómo es el pueblo de aquí. Como el señor vive aquí hace tanto tiempo, debe conocerlo muy bien.
- Es verdad, - dijo el anciano. - Pero, por favor, hábleme antes, de la ciudad de donde viene usted.
- ¡Ah! Es estupenda. ¡Maravillosa! Gente buena, fraternal... Tengo allá, muchos amigos. Sólo la dejé, por imperativos de la profesión.
- Pues bien, hijo mío. Esta ciudad es exactamente igual. Le va a gustar vivir aquí.
El forastero agradeció y partió. Minutos después, apareció otro automovilista y también se dirigió al anciano:
- He venido para vivir aquí. ¡Puede decirme cómo es este lugar? El anciano, le hizo la misma pregunta:
- ¿Cómo es la ciudad de dónde viene?
- ¡Horrible! ¡Un pueblo orgulloso, lleno de prejuicios, arrogante! ¡No tengo ni un amigo en aquel lugar horroroso!
- Lo siento mucho, hijo mío, pues aquí usted encontrará el mismo ambiente...
Así somos nosotros.... vemos en el mundo y en las personas, algo de lo que somos, de lo que pensamos, de nuestra manera de ser. Si somos nerviosos, agresivos o pesimistas, así será el mundo y sólo encontraremos problemas y conflictos. Pero si nuestra mirada es positiva, así también será nuestra percepción del mundo.
Moraleja: es importante mirar bien, conocer los detalles para transmitir los mensajes con la menor distorsión posible, las distorsiones pueden hacernos daño y hacer daño a los otros.
 A lo largo del día alguien de nosotros utiliza el verbo mirar. Al final lo comentaremos. HAY DISTINTAS MIRADAS, SITUACIONES… POR EJ.
¿CÓMO MIRA…?  Un niño       Un adolescente   Un joven     Un adulto   Un anciano
¿CÓMO MIRA…?  La serpiente        El águila     El topo        La tortuga  El ratón
¿CÓMO VEMOS A TRAVÉS DE…? Unas gafas de sol    Unas gafas graduadas Unos prismáticos        Un microscopio   Una lupa
Podemos pensar las siguientes  preguntas (¿cómo ve una persona ciega? ¿Una persona que necesita anteojos pero que no las lleva puestas?...). 
“LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS, SÓLO SE VE BIEN CON EL CORAZÓN”
 LA MIRADA DE JESÚS
Una forma de acercarnos a la mirada de Jesús es a través de su relación con algunos personajes, y también acercándonos a las citas bíblicas que hacen referencia a los ojos, la mirada,… Y en especial a las miradas de JESÚS. Ella nos invita a ver mi vida a la luz de sus ojos. Por ej. Cuando mira a Pedro (Jn ,42), su mirada de amor que pide y ofrece (Mc 10, 21). Mirada apenada (Mc 3, 5). Mirada de asombro (Lc, 7,44). Mirada de llanto ( Jn,11,33-35)…..
A veces, para ayudarnos a nosotros mismos y ayudar a los demás no hay que cambiar la vida, ni de ojos, hay que cambiar la mirada. Ojos que ven distinto, mente que piensa distinto; corazón que ama distinto; pies que caminan por senderos distintos.
Estamos invitados, te invito a: MÍRATE A TI MISMO/A: ¿CÓMO ME VEN LOS OTROS?
Pero no sólo miramos la realidad nosotros mismos, otros nos miran,… ¿cómo nos ven?... Incluso nos estudian para manejarnos a su antojo, al interés propio: la publicidad, el dinero, la comodidad, etc. A todo esto tenemos que ser críticos. Preguntarnos, desde la estructura del ojo. ¿Cómo me ven los otros?
¿Ante qué realidades podemos cerrar los ojos? PÁRPADO
¿Soy capaz de cambiar la “forma” de mi mirada? CRISTALINO
¿Cuáles son mis “células especiales” que me ayudan a formar las imágenes que voy elaborando de mi vida, de la gente, del mundo,…? RETINA
¿Mis ojos ven todo lo que pueden? ¿O no me preocupo en ir adaptando la cantidad de información que recibo? PUPILA.


domingo, 3 de febrero de 2013

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

domingo 03 Febrero 2013

Cuarto Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Blás Sebaste, San Oscar


Evangelio según San Lucas 4,21-30.

Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". 
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". 
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". 
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. 
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". 
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. 
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

"INCRÉDULOS Y VIOLENTOS”

“Aceptar que por ser cristianos muchas veces nos rechazarán; para que, al igual que Jesús, sigamos por el camino de la fe y la evangelización”. 

Nadie es profeta en su tierra. 

Podríamos imaginarnos a Nazaret esperando al profeta que se crió entre ellos. Jesús es recibido con bombos y platillos. Una gran fiesta se avecina. La ciudad, deslucida, adquiere esplendor; tan poca cosa, hoy es importante. ¡Israel tiene un profeta que es originario de Nazaret! 

Pero nada sucede así. Al principio suscita admiración entre sus congéneres. Como dice el versículo 20: “Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él”, o también el 22: “Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras que salían de su boca”. Pero luego la duda adquiere el lugar de la fe. Pudo más la costumbre de lo compartido, pudo más el recuerdo de aquél que, como niño, jugaría en la plaza con todos los demás, pudo más el encasillamiento que ellos tenían de Jesús, que la fe que el Señor pedía para ayudarles. Cuando la duda asalta y gana el corazón de los hombres surgen preguntas como esta: ¿No es este el hijo de José? (v. 22). 

Muchas veces pasa lo mismo en nuestras comunidades. Cuando alguien se convierte preferimos mirar su vida pasada y no su cambio, su nuevo ser. Sigue presente esa pregunta: ¿No es este el hijo de José?, ¿no era este aquél borrachito que conocimos? ¿No era esta la mujer murmuradora y criticona que vivía a la vuelta de nuestra casa? Como los nazarenos seguimos juzgando a todos por lo que hicieron y no por lo que hacen. Ellos, no pudieron dejar de ver en Jesús al muchachote que fue haciéndose hombre en su ciudad, no podían dejar de verlo como un igual entre ellos. También nos pasa eso, para creer en alguien pareciera que tendría que venir de fuera. Si es un extraño su mensaje nos llega inmediatamente, si es un conocido o de la familia, es como si el corazón se nos volviese de piedra. Por eso Jesús insiste (v. 24): “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra”. El Señor es absolutamente consciente de que la fuerza de la costumbre ha vencido a la expectativa de la fe, de que los prejuicios se han instalado en el lugar que debería tener una mente despejada y un corazón receptivo. ¡Así, ningún milagro puede hacerse! Es que para CREER necesitamos descargar nuestro corazón de toda cosa aprendida, de todo prejuicio formado, de todo preconcepto sobre lo que va a suceder. 

Un misionero mal tratado. 

Cuando Jesús ve que entre sus amigos de infancia, entre esas personas a quienes posiblemente conocía con nombre y apellido, no existe la fe, intenta una última jugada. ¿No le ha pasado a usted que en el trato con los demás tuvo que aprender a usar las palabras correctas del modo correcto para que quienes lo escuchasen entendiesen lo que usted les decía? Entonces, con unos tenemos un trato cercano, amable, familiar; y con otros, el trato es más frío, más formal, más convencional. Este misionero que recién se inicia, llamado Jesús, da una vuelta de rosca. Un hombre inteligente seguramente pensaría lo mismo que él: si no me creen a mí, por lo menos créanles a las Sagradas Escrituras. Pero esto enfurece más los ánimos. Cuando la gente es necia, muchas veces las discusiones terminan de esta manera: con violencia (v. 28-29). 

Los violentos, no solamente no tienen fe, sino que también, sin entender los planteos serenos, quieren resolver con gritos y golpes todo problema que se les presente. Nosotros vivimos en un mundo violento, quizás más violento que el de Nazaret, un mundo al cual hay que predicarle la fe en Jesús, la llegada del Reino de los Cielos que, al contrario de este mundo, es amor, paz, bendición. Los misioneros de hoy presentan el mensaje de la fe llevando, como Jesús, las palabras de la Sagrada Escritura y el testimonio de su propia vida. No nos engañemos, muchas veces la respuesta será violenta, irracional, desamorada. Al igual que Jesús, se nos criticará por nuestra vida pasada o la de algún amigo, o de algún familiar, o de algún miembro de la parroquia. Ante corazones cerrados, insistir sobre las Sagradas Escrituras, puede significar, no en todos los casos, actitudes de violencia, de burla, desprecio, faltas de respeto, etc.... 

Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino 

Ante estas situaciones antes dichas no hay que desanimarse. El gran misionero Jesús, nos enseña a continuar el camino. Esto realmente da mucho aliento a quienes se entregan totalmente al Señor y siguen viendo en su casa signos de muerte, de violencia, de falta de fe. ¡Quisiéramos que quienes viven con nosotros conocieran cuánto los ama Dios! A Jesús le fue imposible, la primera ciudad importante que quería ganar para Dios era su propia ciudad. A las primeras personas que realmente quería evangelizar era a sus amigos y conocidos. Cuando te pase esto: ¡Continúa tu camino! Cuando te sientas rechazado, prejuzgado y enjuiciado por tu vida pasada: ¡Continúa tu camino! Cuando el desprecio, la burla, la violencia, atienda a la puerta que golpeas para llevar el mensaje del Señor, no te desesperes: ¡Continúa tu camino!