sábado, 26 de abril de 2014

2° de Pascua o de la Divina Misericordia.


Evangelio Jn 20, 19-31

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”. Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Palabra del Señor.

Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.

Jesús ha resucitado y al atardecer se encuentra con sus discípulos. Después de tanto dolor y tantas horas de angustia al contemplar la pasión y la muerte del Salvador, los discípulos están encerrados “por temor a los judíos”. Decía el famoso psicólogo suizo Carl Gustav Jung que “las enfermedades psicológicas se contagian más rápidamente que las físicas”. El temor se había propagado a todos los discípulos, encerrados no aguardaban otra cosa que lo peor, “porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?” (Lc 23, 31).

Jesús vence el miedo saludando con la paz (Jn 20, 19.21) y mostrando sus manos y su costado. Es como si dijera: “¡He resucitado, estoy vivo!”. Saludar con la paz es más que “desear” paz, es transmitirla. Jesús da lo que Él tiene, entrega su paz, contagia su paz. Así como el miedo se había extendido en todos los discípulos, ahora la paz de Jesús, irradia su efecto benéfico sobre ellos. Esto tenemos que tenerlo siempre en cuenta los cristianos. Cada vez que oramos, Jesús nos entrega su paz. Cada acto de adoración o de culto… Jesús nos entrega su paz. Ante tanto estrés, presiones, miedos, fobias, obsesiones, angustias, etc…. Jesús sigue entregándonos su paz. Esa paz nos saca de nuestros encierros, nos resucita de nuestras tumbas, nos libera de nuestros pozos oscuros y llenos de depresión. Paz y Vida, los ingredientes de Jesús para vencer el temor y la soledad. 

Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen. 

Recibir el “don” del Espíritu Santo, es recibir a Dios. La predicación de Jesús apuntó, primariamente, a mostrar a Dios como “Padre” (Mt 6, 9), como “Bueno” (Lc 18, 19), como “Misericordioso” (Lc 15, 11-32). Por eso no nos debe llamar la atención que la misión, el “envío”, de Jesús a los discípulos consista primordialmente en, con la presencia del Espíritu Santo, ejercer el ministerio de la Reconciliación. 

A lo largo del tiempo la Iglesia, por hacernos notar las consecuencias negativas y perversas del pecado en la vida personal y comunitaria, ha insistido demasiado en ese pecado y en el castigo que este merece. Nos hemos olvidado de predicar la misericordia divina, hemos dejado de lado la insistencia que tenía Jesús en “perdonar” más en enseñar las consecuencias negativas del pecado. La Iglesia quedó fuera de foco al insistir más en el mal del pecado que en el bien de la misericordia divina. Este es el tiempo en donde, como Iglesia, la paz de Jesús nos está llamando de nuevo a la Reconciliación, y esta como ministerio que se entrega y gracia que se recibe. Todos los creyentes somos llamados a perdonar y somos merecedores del perdón. Por eso, recibir el Espíritu Santo es permitirle a Dios que nos convierta en sujetos del perdón y en ministros de la Reconciliación.

¡Felices los que creen sin haber visto!

Tomás, el discípulo al que le debemos las palabras “Señor mío y Dios mío” que resumen la espiritualidad del cristiano: Jesús es el Señor, dueño y amo de nuestra vida, y Dios, en una sola Persona se encuentran las dos naturalezas, es verdadero Dios y verdadero Hombre, es Creador y Criatura. 

Tomás también representa a aquellos que no solamente tienen la fe débil, sino que también dudan de su comunidad, porque él no sólo no creyó que Jesús resucitaría venciendo la muerte sino que al mismo tiempo no consideró digno de fe el testimonio de sus compañeros apóstoles. Tomás comete una doble falta: no le cree a Dios, no le cree al hombre. Pero Jesús le enseñará, con la evidencia de su presencia resucitada que Él está vivo y lo invitará a que “en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Jesús no anda con medias tintas y exige a su discípulo que crea, que se juegue por sus convicciones. Como dice Ap 3, 15-16: “conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio te vomitaré de mi boca”. Tomás responde: Señor mío y Dios mío. Amo y Creador de mi vida. Lo mismo que repite mucha gente en las celebraciones eucarísticas. Al decir: ¡Felices los que creen sin haber visto!, Jesús nos invita a ser bienaventurados, a vivir dichosos en nuestra fe, llenos de paz, perdonándonos mutuamente e inclusive a nosotros mismos. Nosotros somos esos a quienes Jesús llama felices. Mantengamos nuestra fe bien en alto en un mundo donde muchos se consideran autónomos de Dios y lo eliminan de su vida, y otros vagan por allí buscando nuevas formas de fe religiosa o de superstición para vencer sus propios desánimos. Somos enviados por Jesús a ese mundo que va a contramano de Dios para ser testigos, desde la fe, de que Él está vivo, porque ha resucitado

viernes, 18 de abril de 2014

CONTEMPLEMOS A CRISTO CRUCIFICADO ( Viernes Santo)

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.........
Hermanos, contemplemos a Jesús en la cruz. a EL.......
Que es el Rey de Reyes.
Que es el Señor de los señores.
Que nació en un establo, llamado pesebre, entre medio de estiércol y olores nauseabundos, porque había animales.
Que se humilló haciéndose hombre, semejantes a nosotros.
Que tiene una condición humana y divina.
Que es el camino, la verdad y la vida.
Que es la luz del mundo.
Que es el pastor, el médico, el maestro.
Que nos hizo a su imagen y semejanza..
Que lloró sangre.
Que sintió la soledad, el abandono, el dolor, la tristeza.
Que es el Hijo de Dios.
Que dijo a su Padre: " Padre, si es posible aparta de mi este Cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya.
Que nos acepto como hermanos, tal como somos, tal cual soy.
Que dijo SÍ al Padre para salvarnos.
Que se jugó por nosotros, hasta muerte de cruz. hasta morir en la cruz.
Que es nuestro único amigo, el amigo fiel, el amigo que no falla.
Que nos dejó su madre.
Que nos dio a conocer, quien es Dios y su voluntad.
Que se manifiesta en cada momento.
Que es el cordero inmolado, que lava con su sangre los pecadas del mundo.
Que nos eligió para hacer crecer su Iglesia y ser su cuerpo.
Que es incondicional a todo lo que nos da.
Que está cuando necesitamos a alguien.
Que pasó haciendo el bien por este mundo, y sin embargo tiene una corona de espinas, llagas en su cuerpo, clavos en sus pies y manos, su cuerpo desnudo bañado de su sangre.
Está en una cruz que lleva el peso de nuestros pecados, de nuestras faltas.
CONTEMPLEMOS SU ROSTRO, con esos ojos cerrados que aún te ven con amor, que refleja la tristeza  por la soledad, que llora por el dolor pero no deja de amar.
CONTEMPLEMOS SU  CORONA DE ESPINA,que daña su cabeza, que duele, aquella cabeza inclinada, que a pesar del dolor, presta sus oídos para escucharnos y  le hablemos.
CONTEMPLEMOS SUS MANOS, BRAZOS Y PIERNAS, esos brazos, que a pesar del dolor por los clavos, están abiertos a nuestra espera, regreso a su amor por nosotros; esas manos inmóviles que solo sanaron, bendijeron, consolaron, perdonaron, hicieron milagros, que acariciaban y están llenas de amor...
CONTEMPLEMOS SUS PIERNAS, que no se cansaron de andar para hacer el bien, que iban a donde lo necesitaban, esas piernas que solo caminaban por amor.
CONTEMPLEMOS SUS LLAGAS, HERIDAS DE SU CUERPO, esas llagas que arden, sangran, duelen son profundas, que no cicatrizan y que solo El las soporta por el amor que nos tiene.
 CONTEMPLEMOS SU CUERPO, un cuerpo inmaculado, puro, divino, fuerte, que se dejó flagelar, mutilar, quebrar por amor a nosotros.
Jesús, el que nació, creció, se hizo hombre, padeció, murió, el que todo lo puede no quiso hacer nada para librarse de la cruz porque nos ama. ¿ Yo amo a Jesús? quizás sí , quizás no. 
Yo no lo amo, porque no alivio el peso de su cruz,, inco más la espinas de su corona en su cabeza con mis pecados, desamor, egoísmo, miedos......... Porque clavo más los clavos de su manos  y pies con mi  dame Sr pero no me pidas nada, te conozco señor, sé lo que me pides pero quiero hacer la mía.... Porque abro más sus heridas al no jugarme por El, al no ayudar a la Iglesia con lo que me pide, al cerrarme, encerrarme en mi misma/o y a no confiar más en El. al pensar que mi condición humana puede más que su poder, al no cargar mi cruz de cada día, al buscarlo solo cuando lo necesito, como una última posibilidad.....
Pensemos, que hice para poner más peso en su cruz, clavar más su clavos, incar más sus espinas, abrir más sus llagas en la familia, en lo personal, en el grupo, en la Iglesia...... o en otro ámbito. Pensemos si el amor de Jesús, su muestra de amor, merece tanta indiferencia desde nuestra parte. Seguro que no!!!!
por eso pidamos AL  AMOR que nos perdone esa indiferencia... y nos comprometamos ante El,  Y en el silencio del corazón escuchemos que nos dice desde la cruz.....
Con el corazón alegre de haber reconocido a Jesús y sentirnos perdonados y de habernos comprometido demos gracias....." Gracias Señor, porque desde la cruz, desde tu flagelación, desde tu padecimiento, desde tu muerte, y a pesar de nuestra indiferencia tú nos ama y podemos decir que nadie nos ama como tú.... 
                                                                                                                                              SILMAR

domingo, 6 de abril de 2014

YO HOMBRE: la importancia de saberse hombre, desde Dios

leemos el SALMO 8,5-10

El universo manifiesta al hombre la grandeza y hermosura de Dios. Pero al hacerse hombre Jesús, ha colocado al ser humano por encima de toda la creación material y recalcando la igualdad fundamental de todos.

Nuestra cultura liberal reconoce solamente a individuos, a “seres humanos” ávidos de gozar de la vida en la medida que se lo permitan su fortuna y su buena salud. Los seres humanos luchan por afirmar su propia identidad y sueñan con ser totalmente independientes. Este salmo recalca la dignidad de la persona humana que se despierta al llamado de Dios y que crece bajo su mirada.

La Biblia, al hablar de los hijos de Adán los considera a la vez como persona y como un todo: Adán, o el hombre, o la humanidad. La cabeza de este ser único es Cristo, quien debe llegar a ser dueño de toda la creación.

Nadie puede construirse a sí mismo si primero no a hallado su misión en el mundo; uno no es nada sin la masa de sus hermanos que luchan, están en el mundo.

Fui creado varón y mujer por Dios, en cuerpo y alma. Soy imagen de Dios porque Dios se toma como modelo, porque somos, soy su rostro y porque mostramos, muestro algo de EL. Soy semejanza de Dios por la inteligencia, la libertad, la voluntad y en la capacidad de amar. Soy el único capaz de conocer a Dios, de amar a Dios, de comunicarme con Dios, de conocer y amar a prójimo. Me parezco Dios al pensar como él, amar como él, al obrar libremente. Soy igual en dignidad y en derecho. Soy dueño y señor de la creación para que la domine y me sirva de ella, para que la transforme y la mejore, y para que organice el mundo y sea feliz. Soy responsable de mi vida propia y de la vida del prójimo, y también de la creación.

EL SER IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS ME LLEVA A VIVIR COMO VERDADEROS HIJOS SUYOS….

sábado, 5 de abril de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Evangelio (Texto breve) Jn 11, 1-7. 20-27. 33b-45.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará” Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”. Jesús, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Éste que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?”. Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Palabra del Señor.
“yo soy la resurrección y la vida”

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 

El evangelista Juan nos habla de Jesús como la luz del mundo, como la Vida que viene a sacarnos de la muerte, como el Agua Viva que nos purifica de nuestro estancamiento. Pero, más allá de nuestros conceptos teológicos, de lo que realmente es Jesús para nosotros, de su tarea y misión, nos recalca en todo momento la humanidad del divino Salvador. En Jesús armonizan espléndidamente lo divino y lo humano. Él es el Salvador, pero es un Salvador tierno, afectivo y que ama a quienes viene a salvar. El v. 35 nos dirá: “Y Jesús lloró”, en el 36 los judíos dicen “¡Cómo lo amaba!”. Esto nos muestra la manera de ser de Jesús, sus emociones a flor de piel, sus sentimientos tan tiernos y profundos, la sensibilidad exquisita del Salvador de la humanidad. 

A Dios le interesa mostrarse así, amoroso y sensible. La primera carta del apóstol san Juan nos enseña “Dios es amor” (1Jn 4, 8). Dios es amor, y su amor es así, tierno, humano, sensible. Se nos ha enseñado a lo largo del tiempo que las emociones y los sentimientos son algo inferior a la razón, al entendimiento. Gracias a Dios, sí, gracias a Él, la humanidad toda está volviendo a valorar los afectos como centro del núcleo vital de las personas. Si no experimentamos, que es más que “sentir”, amor, estamos hablando de cosas teóricas, que no existen. Cuántos se llenan la boca de palabras “de amor” y no lo viven, cuántos hacen tantas cosas “por amor” y en realidad lo están haciendo por obligación, cumplimiento, o responsabilidad. Amar siempre es más que sentir, pero también es más que razonar. Amar es mostrarse sensible con el dolor y el sufrimiento ajeno, es ser vulnerable ante la necesidad de la presencia del ser querido, es “llorar”, como lloró Jesús, cuando alguien nos hace falta. Amar es dar y es recibir, es cubrir la necesidad ajena y dejar que el otro cubra mi necesidad. Amar es ser confiable y confiar en los demás. 

Desátenlo para que pueda caminar. 

En el v. 39, Marta le dice a Jesús “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Todos sabemos que Jesús resucitó al tercer día. El número 3, simbólicamente, es la expresión de lo masculino, la acción creadora que incide y actúa sobre la realidad. Por eso, 3 es trinidad, es resurrección, es triunfar sobre la nada. El número 4 significa lo completo, una etapa que se cierra, lo femenino. Cuarenta años en el desierto es toda una generación que pasa, cuarenta días en el desierto es toda una humanidad que triunfa sobre el pecado. Cuatro virtudes cardinales, humanas; tres virtudes teologales, divinas. Se une lo humano y lo divino, lo masculino y lo femenino, es la complementación perfecta. 

Humanamente, Lázaro, está muerto. Divinamente, resucitará. Jesús viene a transformar la vida humana, a darle, no sólo un nuevo sentido de eternidad, sino a cambiarla radicalmente por medio de la resurrección. Lázaro es henchido de resurrección. Jesús, como si fuera un admirable intercambio, se llena de humana ternura. Dios se vuelve hombre, para que el hombre se vuelva al modo de Dios. 

La acción de Jesús, una nueva creación, por eso no lo sana, sino que lo resucita, es tan potente que aún el mismo Juan, que nos transmite esta escena, nos dice en el v. 44 “el muerto”. Ni siquiera él puede todavía, después de tanto tiempo, adecuar su lenguaje al milagro de la resurrección. Esta nueva creación, que todos nosotros, los bautizados, ya vivimos de modo espiritual, necesita ese “desátenlo” que Jesús ordena para Lázaro. Jesús nos ha resucitado en el Bautismo y quiere desatarnos de todas las ataduras que todavía el pecado tiene sobre nosotros, ese sudario de malos hábitos, esa mortaja de malas actitudes, ese lienzo de maldad que todavía nos recubre. Resucitados, vivos, recreados, necesitamos que nuestros pies y manos “atados con vendas” sean desatados para que, al igual que Lázaro, podamos caminar por la senda de la Vida nueva. Dios se une a nuestra humanidad y la transforma, la resurrección es el resultado de esa acción divina.

viernes, 28 de marzo de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Evangelio (Relato largo) Jn 9, 1-41

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. “Ni él ni sus padres han pecado –respondió Jesús–; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?”. Unos opinaban: “Es el mismo”. “No –respondían otros–, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”. Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?”. Él respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?”. Él respondió: “No lo sé”. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”. Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”. Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. “Yo no sé si es un pecador –respondió–; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”. Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?”. Él les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”. Ellos lo injuriaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este”. El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él. Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”. Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?”. Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece”.

Palabra del Señor.

“la luz del mundo”

“Reconocer que somos ciegos en el camino de la vida; para que, dejando que Jesús nos sane, podamos ver todo a través de su Luz”

“Soy la luz del mundo”.

Mientras van caminando, Jesús y sus discípulos ven a un ciego de nacimiento. Para los judíos de esa época, e inclusive para mucha gente en la nuestra, la enfermedad nace del pecado. Aquí preguntan, los discípulos a Jesús, “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” (v. 2). Para Jesús esto no es así. La enfermedad es una ocasión que Dios aprovecha para mostrar la obra de Dios entre los seres humanos. 

En base a esto, Jesús se muestra como la Luz del mundo, que viene a curar no sólo la ceguera física, sino también la espiritual (ver v.41). Jesús sanará a este hombre de su ceguera física de nacimiento, pero también lo sanará de su ceguera espiritual, porque de una manera progresiva él se irá convirtiendo en un excelente predicador de la Palabra de Dios a aquellos que persiguen a Jesús (ver versículos 25. 30-33. 38: donde se relata todo el proceso de conversión del que fue curado). 

Esto nos lleva a darnos cuenta y reflexionar sobre nuestra situación de vida. Nuestras enfermedades físicas y espirituales pueden ser sanadas por el Señor, si lo dejamos actuar. No debemos ver la enfermedad como un castigo, sino al revés, como una oportunidad que tenemos para ver la obra milagrosa de Dios. Y también debemos tener en cuenta que, muchas veces sólo se valoran las cosas, físicas y espirituales, que nos faltan, cuando no las tenemos (este ciego de nacimiento, sin duda, valoró muchísimo más que cualquier otra persona la posibilidad de “ver” que Jesús le había entregado). 

Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.

La razón por la cual los fariseos atacan a Jesús no es por el milagro en sí. Jesús, para ellos, podría hacer miles de milagros, todos los días, a cualquier hora… pero no el sábado. Estaban tan atados a sus tradiciones, a sus costumbres, sus normas, sus “razones”, que eran incapaces de ver más allá de sus propias narices. Hacen todo lo necesario para condenar a Jesús, no por haber sanado, sino por violar el sábado. Están tan convencidos de que sus costumbres son inamovibles, creen ver con tanta claridad la equivocación, el “pecado” de Jesús, que se niegan a escuchar otras palabras distintas a las de ellos. Están tan encerrados en sí mismos que no ven lo que ocurre afuera. 

Jesús “la Luz del mundo”, en el v. 41 les dirá: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: vemos, su pecado permanece”. Reconocer que uno se equivoca, escuchar la opinión ajena viendo en ella la verdad, dejar de mirar sólo “adentro”, para empezar a mirar también “afuera”, es el modo más valedero para aceptar la propia ceguera y empezar a ver. 



La tarea de todo buen cristiano será la de dejarle a Jesús sanar su ceguera espiritual, permitirle al Señor echar luz sobre nuestra vida. En la medida en que nos aferremos a nuestras convicciones humanas, a lo ya sabido, y no le dejemos a la “Luz del mundo” iluminarnos, en esa medida seguiremos siendo, como los fariseos, esclavos de nuestra infinitamente pequeña sabiduría, de nuestro yo envuelto en penumbras e infantilmente egocéntrico que no se cansa de mirarse a sí mismo. Este domingo cuarto de cuaresma nos invita a la conversión, a abrir los ojos para sanarnos de los prejuicios, a un cambio de actitud y mentalidad, a ver de verdad la vida tal cual es y no como la hemos opacado.

martes, 25 de marzo de 2014

BELLA REFLEXIÓN.

Una mujer que se llevaba muy mal con su esposo sufrió un paro cardíaco. Casi a punto de morir, un ángel se presentó ante ella para decirle que, evaluando sus buenas acciones y sus errores no podría entrar al cielo; y le propuso permitirle estar en la tierra unos días más hasta lograr cumplir con las buenas acciones que le faltaban. La mujer aceptó el trato y se regresó otra vez en su hogar junto a su esposo. El hombre no le dirigía la palabra porque hacía tiempo que estaban peleados.
Ella pensó:
- Me conviene hacer las paces con este hombre. Está durmiendo en el sofá, hace tiempo dejé de cocinarle. Él ahora está planchando su camisa para salir a trabajar, le daré una sorpresa.
Cuando el hombre salió de la casa, ella empezó a lavar y planchar toda la ropa de él. Preparó una rica comida, puso flores en la mesa con unos candelabros, y un cartel en el sofá que decía: “Creo que puedes estar más cómodo durmiendo en la cama que fue nuestra. Esa cama donde el amor concibió a nuestros hijos, donde tantas noches los abrazos cubrieron nuestros temores y sentimos la protección y la compañía del otro. Ese amor, aún con vida, nos espera en esa cama. Si puedes perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos”.
Tu Esposa
Cuando terminó de escribir el último renglón “Si puedes perdonar todos mis errores” pensó: ¿me he vuelto loca?, ¿yo voy a pedirle perdón cuando fue él quién empezó a venir enojado de la calle cuando lo echaron de la fábrica y no conseguía trabajo?. Yo tenía que arreglarme con los pocos ahorros que teníamos haciendo malabares, y todavía tenía que soportar su ceño fruncido. Él empezó a tomar, aplastado en el sillón, exigiendo silencio a los niños que sólo querían jugar. Él empezó a gritarme cuando yo le decía que así no podíamos seguir, que yo necesitaba dinero para mis hijos. Él lo arruinó todo; y ¿ahora yo tengo que pedirle perdón?
Enfurecida rompió la carta y escuchó la voz del ángel que decía:
- “Recuerda: algunas buenas acciones y alcanzarás el cielo, de lo contrario no podrás entrar”.
La mujer pensó:
- ¿Valdrá la pena?, y rehízo la carta agregando aún más palabras cariñosas: “No supe comprender nada entonces, no supe ver tu preocupación al quedarte sin empleo, luego de tantos años con un salario seguro en esa fábrica. ¡Debiste haber sentido tanto miedo! Ahora recuerdo tus sueños de “cuando me jubile haremos”. Cuántas cosas querías hacer al jubilarte. Pude haberte impulsado a que las hicieras en lugar de obligarte a aceptar estar todo el día sentado en ese taxi.
Ahora recuerdo aquella noche de locura cuando rompí esas cartas de amor que habías escrito para mí, y prendí fuego a todas las telas de los cuadros que pintabas. En ese momento me enfurecía verte allí, encerrado en ese cuarto gastando nuestro dinero en pomos de pintura para nada, o sentado en ese escritorio escribiendo tonterías para mí. Debí haberte impulsado a vender esos cuadros. Eran realmente hermosos. Estaba desesperada, yo también me sentía segura con el salario de la fábrica y no supe ver tu dolor, tu miedo, tu agonía.
Por favor perdóname mi amor. Te prometo que de hoy en adelante, todo será diferente. Te amo.
Tu Esposa
Cuando el marido regresó del trabajo, al abrir la puerta notó algo distinto; el olor a comida, las velas en la mesa, su música favorita sonando suavemente y la nota en el sofá. Cuando la mujer salió de la cocina con la fuente en la mano, lo encontró tirado en el sillón llorando como un niño. Dejó la fuente, corrió a abrazarlo y no necesitaron decirse nada, lloraron juntos, él la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama; hicieron el amor con la misma pasión del primer día. Luego comieron la exquisita comida que ella había preparado, rieron mucho mientras recordaban anécdotas graciosas de los niños haciendo travesuras en la casa.
Él la ayudó a levantar la mesa como siempre lo hacía, y mientras ella lavaba los platos, vio por la ventana de la cocina que en el jardín estaba el ángel. Salió llorando y le dijo:
- Por favor ángel, intercede por mí. No quiero a este hombre sólo en este día. Necesito un tiempo más para poder impulsarlo con sus cuadros, y tratar de reconstruir esas cartas que sólo para mí y con tanto amor había escrito. Te prometo que en poco tiempo, él estará feliz, seguro; y ahí sí podré ir donde me lleves.
El ángel le contestó:
- No tengo que llevarte a ningún lado, Mujer. Ya estás en el cielo, te lo has ganado. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está al alcance de tu mano.
La mujer oyó la voz de su marido que desde la cocina le gritaba:
- “Mi amor, hace frío, ven a acostarte, mañana será otro día”.
Sí -pensó ella-, gracias a Dios, mañana será otro día…
USTED (para meditarlo )
Usted, que reclama lo que no recibe, ¿ya pensó en lo que no da?
Usted, que se lamenta porque sufre, ¿ya pensó en cuánto hace sufrir?
Usted, que acusa a la ignorancia, ¿ya evaluó sus conocimientos?
Usted, que condena el error, ¿ya percibió cuánto erró?
Usted, que se dice amigo sincero, ¿ya se analizó con sinceridad?
Usted, que se queja de penurias, ¿ya vio cuánto posee más que los otros?
Usted, que critica el mundo, ¿ya hizo algo para mejorarlo?
Usted, que sueña con el cielo, ¿cuánto ha hecho para extinguir el infierno?
Usted, que se dice modesto, ¿se sentiría orgulloso de parecer humilde?
Usted, que condena el mal, ¿ha procurado difundir el bien?
Usted, que deplora la indiferencia, ¿ha sembrado el amor?
Usted, que se aflige con la pobreza, ¿ha usado bien sus riquezas?
Usted, a quien le duelen las espinas, ¿ha cultivado rosas?
Usted, que tanto lamenta las tinieblas, ¿ha esparcido luz?
Usted, que se ocupa de sí mismo, ¿se ha preocupado de los demás?
Usted, que se siente tan pequeñito, ¿ha procurado crecer?
Usted, que se queja de soledad, ¿ha brindado su compañía a un amigo?
Usted, que se asusta ante la enfermedad, ¿que ha hecho por su salud?
Usted, que anhela la concordia, ¿ha combatido la discordia?

sábado, 22 de marzo de 2014

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Evangelio Jn 4, 5-42

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’ tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva”. “Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”. Jesús le respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”. “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”. Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”. La mujer respondió: “No tengo marido”. Jesús continuó: “Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”. La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla contigo”. En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué quieres de ella?” o “¿Por qué hablas con ella?”. La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?”. Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro. Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: “Come, Maestro”. Pero él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Alguien le habrá traído de comer?”. Jesús les respondió: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha”. Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos”. Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Palabra del Señor.

“TOMAMOS AGUA DE ACEQUIA Y NO DE POZO”


“Reconocer la necesidad de compartir la “sed” y el “agua” entre todos; para que, así como la samaritana, pasemos del egoísmo a la generosidad”

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".

Llama la atención este pedido. Dios en persona está en el pozo de Jacob y pide de beber. El Todopoderoso se abaja a una de sus criaturas a demandarle un poco de agua. Siempre nos imaginamos que Dios no necesita de nada, es verdad, y que si nos pide algo debe ser para poder entablar un diálogo con nosotros y poder compartir los maravillosos dones que nos tiene reservados, también es verdad. Pero aquí nos encontramos con Jesús que tiene sed, que necesita beber un poco de agua y que le pide a la samaritana que le dé de beber… la pregunta que nos podríamos hacer es: ¿Lo hace para entablar diálogo o porque de verdad necesita beber agua? No creo que Jesús necesitara una estratagema para entablar diálogo, más bien parece que necesita beber porque tiene sed. La primera cosa que podemos sacar de este texto evangélico es que Jesús necesita de nosotros, y que el primer acercamiento divino a nuestras vidas siempre va a ser, no para escucharnos, sino al revés, para plantearnos una demanda. “Dios precisa de ti –dice una canción- mucho mas de lo que puedas imaginar…” Y la verdad es que Juan plantea de este modo el encuentro de Jesús con la samaritana. Tendríamos que pensar en que cosas Dios precisa de mí, cómo puedo ayudar a Dios en su “necesidad” de mí. 

Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".

La hermana Glenda canta en una de sus canciones: “Si conocieras como te amo…”. Ese es el don de Dios. La gracia de un amor inmerecido, de un amor totalmente gratuito. Dios nos ama desde toda la eternidad, porque desde siempre piensa en nosotros, nos ha creado con delicadeza y pasando por la muerte, nos amará por toda la eternidad. El don de Dios es que su Hijo, su Divino Hijo, bajó a la tierra para salvarnos de la muerte y la condenación eterna. Por eso Jesús le dice a la Samaritana que ella no sabe con quién está hablando, no sabe quien le pide de beber.

Al decirle: “Y él te habría dado agua viva”, le indica con palabras llenas de ternura cual es el camino de la salvación. Jesús es el manantial de vida, la fuente de agua viva, la cisterna que derrama su “agua potable” sobre nosotros y en nosotros. Esa agua viva está destinada para mí desde toda la eternidad ¿Qué estoy esperando para beber de ella?

Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".

El valor del testimonio personal es muy importante a la hora de evangelizar. Predicar una doctrina, transmitir una enseñanza que no tiene el correlativo de ser vivida personalmente no produce vida en nadie, en realidad es casi como una vacuna contra la fe.

Nos preguntamos porque la Iglesia tiene tantos bautizados y casi nadie es un verdadero creyente. Tal vez una de las razones sea que se predica, y mucho, pero con la boca y no con la acción. La samaritana es un buen ejemplo de lo que tenemos que hacer… el testimonio personal de lo que Dios “hace” en nosotros es invalorable a la hora de ser un buen misionero.

Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".

El traspaso lógico de un encuentro personal con Jesús es empezar a creer por lo que nosotros mismos vemos y oímos. Con cuanta frecuencia vemos a los cristianos atados a sus “guías espirituales” y no al Señor. Con cuanta frecuencia nos quedamos en el dedo que indica la luna sin ver el objeto que señala. Los mediadores son instrumentos de Dios y no el punto de llegada, que es él mismo. Traspasemos la barrera de los muy buenos y excelentes “guías” para encontrarnos con la realidad del “nosotros mismos lo hemos oído” y, así también nosotros, decir: “sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.